Mostrando entradas con la etiqueta Fanfics. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fanfics. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de noviembre de 2010

La Mansión II - Capítulo 1º




Capítulo
En la oscuridad

Bill temblaba, estaba asustado, muy asustado. Temía que saliera todo mal y su vida acabara. No entendía como podía haber perdido un juego tan tonto, por Dios, como podía perder en piedra, papel o tijera. A lo mejor fue mala suerte, o el destino…
No sabía en que momento a  Béatrice se le había ocurrido una idea tan alocada, era imposible que esto saliera bien. Bill le dirigió una mirada suplicante, ella solo le sonrió intentando calmarle. Pero el miedo del chico sólo se intensificó.
El bosque mostraba su lado más oscuro a estas horas de la noche, la tenue luz de la luna apenas llegaba a ese lugar tan escondido,  el corazón del bosque. Un aullido se hizo escuchar a escasos metros. El muchacho comenzó a temblar, sujetó la pequeña navaja entre sus manos temblorosas, y sacó la punta de esta. Se llevó la mano hacia la garganta y mantuvo la pequeña cuchilla  en su carne. Observó de reojo a su hermano, Tom estaba preparado, pero él no. Béatrice salió de entre la maleza, y echó a Bill de su posición. Cogió la navaja que éste llevaba en la mano, y sin pensarlo dos veces, seccionó la fina piel de su cuello. Ellos olerían la sangre, de eso estaba segura, pero quería que viniera pronto para evitar algo mayor. Hizo un corte en su pecho, este más profundo, la sangre no tardó en brotar de la herida y entonces, lo vio, era solo uno, pero con eso bastaba, los ojos luminosos del animal brillaban con ferocidad, venía a por ella. Béatrice sonrió a la espera de que el animal se lanzara sobre ella, no sentía miedo, confiaba en que todo saldría bien. El perro se preparaba para atacarla, ahora era cuando tenía que relajarse y dejarle a sus anchas. Cerró los ojos fuertemente para luego mirar al cielo, una noche despejada de luna llena, todo saldría perfecto. El animal rugió y se encaminó hacia la muchacha, en el último instante  se lanzó a su cuello y entonces golpeó su mandíbula.
Béatrice bajó la mirada, y se encontró a Tom de espaldas a ella, con la mirada puesta en el perro que se retorcía de dolor. Sonrió alegremente, el plan había salido según lo previsto, el golpe que Tom le propinó con el tubo de metal había desencajó la mandíbula del animal, pronto aparecerían. Georg y Bill salieron de entre los arbustos. Bill se acercó a Béatrice lentamente, se hallaba decepcionado consigo mismo  por haberse acobardado en el último instante, nunca se perdonaría una calamidad como la muerte de Béatrice. Dirigió su mirada al suelo, para luego pedirle disculpas  en un susurro triste y casi inaudible, ella sólo le sonrió indicándole que todo estaba bien.
Un grito se escuchó, ahora vendría la verdadera diversión.
– Os advertí que no vinierais más a mí bosque –, gritó enfadado –. ¿O queréis lo mismo que vuestro amigo? –. Añadió perversamente.
– Lo sabemos, hemos venido aquí por una cosa y nos marcharemos gustosamente si nos ayudáis –. Dijo Béatrice.
– ¡Mi perrito!, ¡mi perrito! –, gritó la niña entre sollozos –. ¿Por qué le habéis hecho esto a mi perrito?
– ¿Cómo os atrevéis a venir aquí? y para colmo pedirnos algo. ¿Acaso no os percatáis de quiénes somos y de lo que somos capaces de hacer?
– Lo sé perfectamente, pero le tenéis mucho aprecio a esos perros. Demasiado diría yo. Sólo queremos una cosa y nos marcharemos para siempre de vuestros bosques. Lo juramos.
– ¿Qué demonios queréis? –. Gritó la niña llorando mientras abrazando a su perro.
– ¿Dónde está Gustav? –. Dijo Tom seriamente.
– Hicisteis daño a mi perrito por ese estúpido. ¡Malditos idiotas! –. Gritó la niña muy irritada.

– Decidlo de una vez –. Dijo Georg exasperado por saber su respuesta.
Los niños contemplaron a los cuatro muchachos. La niña rió a carcajadas, ellos habían sido muy imprudentes por haberse metido aquí.
– Estúpidos, ¿cómo podéis pensar que lo diremos? –. Dijo la niña separándose del animal.
A Béatrice se le marcó una sonrisa en sus labios, Tom agarró el tubo lo elevó por encima de su cabeza, y se apresuró a golpear en el cráneo al animal.
– ¡No! –. Gritaron al unísono los  niños. El tubo metálico se quedó a milímetros del perro.
– Lo sabéis –. Dijo Béatrice muy seria.
– No sabemos donde está. Sí, lo hicisteis para nada.
Béatrice estaba más que indignada, confiaba plenamente en que ellos lo supieran. Caminó hacia el niño que estaba a un metro de ellos, le observó desafiante y éste no hizo más que sonreírle lúgubremente.
– No sé donde está, nadie lo sabe.  Pero…
– ¿Pero? –. Dijeron los cuatro a la vez, impacientes por saber más.
– Nadie sabe donde se esconde, pero podéis intentar buscarle. Tendrá que estar en algún lugar entre Francia y Alemania.
– ¿Tu sabes lo grande que es esto? ¿Cómo quieres que le encontremos así como así? –. Casi gritó Bill interrumpiendo al niño.
– Son trece símbolos, los reconoceréis por la estrella de cinco puntas. Os llevarán a el lugar donde esté vuestro amigo –, dijo el niño –. Por supuesto tenéis que encontrarlos todos, sino no podréis formar el puzzle.
– Tengo que encontrarlos obligatoriamente para hallarle –. Respondió Béatrice.
– Es la única forma que tenéis de localizarle. Si encontráis los símbolos, le encontráis a él. Y no, nadie sabe donde se esconden.
Béatrice miró a sus compañeros dudosa. Ellos se encontraban iguales o más confusos que ellas.
– ¿Pensabais que esto sería fácil? –. Dijo la niña sarcásticamente.
Béatrice le lanzó una mirada de odio e indignación. Esto iba a ser complicado, y no esperaba menos, ella haría lo que estuviera en sus manos y más para encontrarle.
– ¿Y cómo localizamos los símbolos? –. Preguntó Georg.
El niño sacó una especie de piedra deforme, que tenía un tamaño similar a la palma de su mano. Se la dio a la chica y pudo apreciar el símbolo de la estrella de cinco puntas hecho en relieve en una de las caras de la piedra, en la otra no encontró nada. Ellos se aproximaron a la altura de la chica y observaron lo que le dio.
– ¿Y cómo se supone que debemos encontrar el próximo fragmento? –. Dijo un Bill enfadado.
– ¿En serio? Pensé que seríais más inteligentes, pero que me iba a esperar de vosotros cuatro –, la niña se detuvo –. Es obvio que tenéis que empezar por recorrer los diversos pueblos donde se dio una de las  mayores matanzas. Toda centro Europa. Y no hablo de otra cosa sino de la caza de brujas.
– Pero la mayoría no lo eran –. Dijo Béatrice interrumpiéndola –. Es decir, muchas de esas muertes fueron injustas, las sometían a pruebas estúpidas.
– Muchas eran simples muchachas, otras en cambio no. Espero no volver a veros por aquí nunca más –. Dijo el niño antes de desaparecer en una nube de polvo, al igual que su hermana.
Béatrice observó, frustrada, la piedra; una simple piedra. La guardó delicadamente en su bolsillo. Las primeras luces del amanecer fueron acabando con la oscuridad de la noche.


A pesar de que fueran las siete y media y el sol tuviera que hacer acto de presencia, el mar aún se encontraba bajo las estrellas, en el horizonte se dibujaban finas líneas de luz rosada que rompían totalmente la oscuridad del cielo. El sol comenzó a salir por el horizonte hipnotizando la mirada  llena de odio de Gustav, que cada vez moría un pedazo más de él al ver que le era imposible escapar, al darse cuenta de que no había otra escapatoria que someterse a ellas.
Camille había entrado en la estancia, y una vez más volvía a encontrar a Gustav despierto, sentado en el hueco de la ventana, observando el alba. Ella dejó una pila de libros escogidos rigurosamente por ella en la pequeña mesa de madera de cedro. Por un momento sintió lastima, por una milésima de segundo se arrepintió de que él estuviera ahí. Pero luego pensó en todos estos años de costoso esfuerzo, estaba segura de que esta vez funcionaría y le daba absolutamente igual lo demás.
– Gustav –, pronunció Camille fríamente –. Esto es para ti. Ya que no vas ha moverte de aquí podrías alimentar tu cultura literaria.
Y eso fue lo último que dijo antes de marcharse. Dejándole totalmente hundido por esas palabras tan duras de escuchar, pensando una y otra vez, ¿qué pasaría después?, ¿para qué le querían?, ¿dónde se encontraba?
Recostó su cabeza sobre la pared y siguió contemplando el amanecer, intentando olvidar las palabras de Camille.


Los dos mapas indicaban las nueve ciudades donde debían ir. El pueblo más cercano a donde se encontraban era Saint Jean pied de pond. No entraba en la gran caza de brujas, pero sería un sitio por donde comenzar su búsqueda. Y al fin y al cabo tenían que pasar por ese pueblito antes de ir a Bidarray.  No obstante, no podían marcharse sin antes despedirse de Joel, por supuesto siempre sin desvelar la dolorosa verdad.
– ¿Iréis a Alemania en coche? –. Dijo Angélique sorprendida –. ¿Os estáis volviendo locos?
–  ¡Estamos casi en la frontera! ¿No será mejor que valláis en avión?
– No, queremos visitar los pueblitos y ya sabes, hacer turismo rural –. Dijo Bill.
Todos le observaron incrédulos, desde cuando a Bill le gustaba hacer turismo rural.
– Bueno, este sitio no está tan mal después de todo –. Mintió Bill al percatarse de las miradas.
– Como queráis –. Se rindió Joel después de haber intentando convencerles.
Los chicos subieron las maletas al coche rápidamente, la tormenta había empezado en el peor momento. Joel y Angélique les miraban  tristemente.
– Decidle a Gustav que me mande una carta o lo que sea cuando lleguéis –, dijo Joel –. Aún no he recibido ninguna señal de vida por su parte. – Añadió entre risitas.
Se les heló el corazón cuando escucharon esa frase.
– Lo haremos –. Dijo Georg con la voz quebrada.
El coche arrancó y se vio a lo lejos dos figuras despedirse, para luego entrar a la mansión y esperar pacientes esa “señal” que tal vez no llegaría nunca, y eso les causaba temor, que su amigo no estuviera con ellos, que cuando llegaran fuera tarde y en vez de una fiesta de reencuentro celebraran un triste funeral.
Béatrice era una figura borrosa entre la maleza, esperando ver los faros del coche de Joel avanzar por las viejas callejas. Observó los rostros abatidos de los chicos por tener que mantener esa esperanza en él. Subió al coche empapada y sin decir nada continuaron su viaje.
Yacía acostado en la cama,  era la primera vez que podía disfrutar plenamente de un  largo descanso, hasta aquel momento en el que un grito le despertó. Se levantó sobresaltado, con el corazón latiéndole velozmente. Pensó que podría haber sido imaginación suya, no era la primera vez que escuchaba un grito en la noche y no le pertenecía a otra cosa que a su cabeza.  Observó la estancia, todo seguía en su sitio, la tenue luz de la lamparita, la ventana abierta de par en par y esa montaña de libros que seguía descansando sobre la mesa, a excepción de uno, que reposaba sobre su pecho. Había estado leyendo La divina comedia, era una de las primeras ediciones, cuando se percató de ello le dio mucho en que pensar; ¿desde cuándo habían estado ellas en este mundo?  Pero no iba a volver a perturbar su mente con otra pregunta más, sólo le quedaba refugiase en ese libro.  Reposó su cabeza en la almohada, y continuó con otra frase más. Pero no pudo seguir, dejó el libro a un lado. Sabía que esto no podía ir tan bien, tal vez ese grito no fue invención suya, que era lo más posible. Se aproximó a la  puerta y la abrió lentamente, se aseguró de que fuera no había nadie, como siempre, la casa parecía estar  vacía, pero nunca era así. Dejó la puerta cerrada tras su salida y caminó lentamente hacia el pequeño puente que le llevaría al otro lado de la casa, pasando por encima del salón. Había llegado a la altura de la puerta de la habitación de Natalie, la intentó abrir, pero estaba cerrada. El grito volvió ha quebrar ese silencio sepulcral. Gustav ya sabía a dónde debía dirigirse: al sótano de la mansión.

– ¡Que lindo! –. Dijo Bill sarcásticamente.
– No está tan mal, de todas formas ya es tarde. Mañana iremos al siguiente pueblo –. Anunció Béatrice mientras abría la gran puerta de madera desgastada.
 Los muchachos se acercaron al pequeño hostal, pasando a un pequeño, sucio y mal cuidado recibidor. La mala iluminación hizo que Georg dudara en acercarse o no, a la recepción, aún así lo hizo y  no encontró a nadie tras él. Tom observaba el lugar, era muy siniestro, sólo le infundía desconfianza; daba la impresión de estar abandonado. Miró a Béatrice, ella mostraba su semblante igual de adusto, siempre sospechando de todo.
El sonido inconfundible de un ratón se escuchó en toda la planta baja y se vio como recorrían dos pequeños roedores el salón.
– ¿Y si nos vamos? –. Dijo Bill asqueado.
– Aquí no parece haber nadie. Está todo oscuro, lleno de polvo y además, no parece un buen lugar donde pasar la noche –. Añadió Georg.
Todos escucharon un horrible crujido de la planta superior. Ellos miraron a Béatrice, suplicándole con la mirada que se fueran. Una luz  se asomó por la esquina de las escaleras, avanzando lentamente hacia ellos, emitiendo crujidos extraños a su paso, inconcientemente retrocedieron a la salida, al  ver con una mayor claridad, que aquella luz la emitía un candelabro, Bill agarró desesperadamente el picaporte de la puerta, y tiró, pero la puerta no cedía.  Se encontraban arrinconados, muertos de miedo y sin escapatoria. En aquel momento, una arrugada y huesuda mano se elevó hasta la altura del rostro de Béatrice. Se encontraba paralizada, sin saber como actuar, cada vez veía la mano más cerca de ella, pero no la tocó, no le hizo daño, evitó totalmente el contacto con la joven y metió su mano en un hueco entre los cuerpos de ella y Tom. Y entonces la luz se hizo en toda la estancia, dejando a los chicos perplejos. Se trataba de una mujer extremadamente mayor. Supusieron que la dueña del hostal. Ella empezó a hablar  
muy apresuradamente, atropellando más de una letra. Los chicos suspiraron sonoramente al ver que se asustaron por nada. Béatrice y la mujer tuvieron una pequeña conversación, y luego ya estaban siguiéndola por las escaleras. Un pasillo lleno de puertas les esperaba. La mujer abrió una, pero al segundo la cerró, sin dejar verles lo que había dentro.  Ellos, aunque extrañados siguieron caminado. Los llevó a la última habitación, le entregó las llaves a Béatrice,  y se marchó por donde había venido.
 Al entrar, un horrible hedor más pestilente les dejó con cara de repulsión.
 – ¡Oh! Que asco, ¿por qué huele tan mal? –. Dijo Bill.
Béatrice buscó el interruptor por la pared izquierda de la habitación  y al encenderlo vio una habitación pequeña polvorienta y con una única cama de matrimonio.
– ¿Qué demonios es eso? –. Dijo Georg mirando la cama.
Los cuatro chicos se dirigieron a la cama y la rodearon observando una macha de un color marrón oscuro que se extendía en las sábanas blancas. Se miraron ente ellos, nadie tuvo el suficiente valor para destapar la cama a excepción de Béatrice, que ya estaba aproximando su mano a la esquina superior. La cogió entre sus dedos y tiró de ella destapando la cama.
– ¡Oh Dios! –. Musitó Bill atónito.
Una gran masa burbujeante de color marrón habitaba en el colchón de aquella cama. Los cuatro se aproximaron a la salida, no se iban a quedar ahí un segundo más, Tom tiró de la manilla de la puerta y salieron al pasillo, corrieron hacia las escaleras cuando la mujer salió de la nada y empezó ha decirle un montón de cosas en francés. Los tres chicos se detuvieron y la miraron sobresaltados. Mientras Béatrice le daba excusas a la mujer para marcharse. Les guió a otra habitación mucho más amplia y bastante más aseada que la otra, cuando la mujer se marchó, los chicos comenzaron a revisar la cama, con temor a volver a encontrar semejante cosa como aquella, pero no daba indicios de nada.
– ¿Qué demonios era aquellos? –. Preguntó Bill temeroso –. ¿De verdad tenemos que quedarnos aquí?
– No podemos hacer otra cosa, la lluvia aún no ha amainado y necesitamos descansar –. Dijo Béatrice –. Y no quiero saber que era aquello.
Bill y Tom bajaron a la recepción, pero subieron al no ver a nadie. A saber donde estaría ahora mismo aquella mujer. Mientras que Georg  se dedicaba a revolver la habitación, nunca se sabía qué podría esconder un lugar tan insólito como este.

[…]

– ¿Dónde estará? –. Musitó Béatrice. Se encontraba sentada en una esquina de la bañera, abrazando las rodillas con sus brazos. El agua que caía sobre ella borraba las lágrimas de su rostro.
– Tengo que encontrarle –, se dijo Béatrice –. No voy a permitir que le ocurra nada.
Aproximó su mano fuera y alcanzó una de las toallas, se la colocó de manera que rodeara su cuerpo, y luego obtuvo otra para secar su cabello rubio. Se vistió con una camisa negra y shorts, y se dispuso a salir del cuarto de baño. El pasillo permanecía en silencio, y en una oscuridad total si no fuera por esa luz que residía al final del pasillo en la zona de las escaleras. Pero, en esa luz habitaba la sombra de su amigo Bill, que estaba quieto con los brazos a ambos lados de su cuerpo.
– ¡Bill! –. Dijo Béatrice. Pero no obtuvo respuesta. Se vio obligada a acercarse más, hasta que llegó a su altura. La alargada sombra del chico le ponía los pelos de punta, con esa figura delgada y su gran melena dándole ese toque tan siniestro.
– Bill –. Murmuró la chica algo asustada. Pero no escuchó nada, se aproximó aún más y la sombra se zarandeó  levemente, lo que hizo que la chica se moviera hacia atrás.
– Bill, me estás asustado. Por favor dime algo.
– ¿Con quien hablas Béatrice? –. Dijo una voz tras ella. La chica se giró sobresaltada y encontró al chico de cabellos negros detrás.
– Pensé que ese eras tú pero…– La sombra de la pared ya no estaba, pero en cambio Bill si.




Safe Creative #1007030204797 

viernes, 5 de noviembre de 2010

La Mansión II


Los personajes son de la banda Tokio Hotel , pero la trama es mía. ^^


La Mansión II
Una mansión diferente, pero con una historia de terror que contar.
-Resumen -

Hace dos semanas de la desaparición de Gustav, mientras él se encuentra prisionero en una mansión aislada del mundo; Béatrice, Bill, Tom y Georg harán todo lo posible para encontrarle esté donde esté.
Pero, cada vez los planes de las brujas están más cerca de cumplirse, y Gustav está en ellos.


- Personajes -

Básicamente son los de la La Mansión I.

- Género -

Misterio/Drama/Comedia

-Clasificación-

+16


domingo, 19 de septiembre de 2010

La pregunta del Millón



La pregunta del millón es:

¿Qué quieren primero? 

¿La segunda temporada de La Mansión o el nuevo fanfics?

Lo pregunto porque me crearon un poco de confusión en los comentarios. Hace poco comencé las clases, y debo saber esto antes. Además de que yo me niego a suspender este curso.  
Deben saber que subiré menos que antes, mucho menos, dado que las clases van primero, además ustedes tampoco querrán como cinco capítulos por semana porque también tendrán cosas que hacer. x)

Por lo tanto se me ha ocurrido, (después de sabe cual fics quieren primero)

1º escribir uno de los dos fics, pero pocos capítulos.  
2º Que me dejen sus msn, les aviso de cuando subo y empezar  a publicar en vacaciones: navidad, semana santa, y por supuesto vacaciones de verano.  El resto de los días pues... bueno...  estaré estudiando. 


viernes, 17 de septiembre de 2010

Curiosidades de La Mansión


He querido hacer esto desde hace mucho, me daba tanta ilusión poner todos las curiosidades de la mansión.

Al principio, la base del fanfics,  quería crear misterio, sí, misterio, más que comedia  nunca quise comedia ni nada, solo crear un fics misterio. Y me sorprende que de la base solo se haya conservado, la mansión, el personaje principal ( Gustav) y una chica. Antes iba  a ser Adeline, pero odio las cosas obvias, y introduje a Béatrice.
Del principio del fics a los últimos se ha añadido muchos personajes terciarios que aparentemente no tendrán nada que ver en la historia, pero que todo unido, sí, a lo mejor ahora no se ve muy claramente, pero en la segunda temporada se aclarará todo.
Yo tenía otras ideas, muchos "capítulos" programados, por así decirlo, que al final se quitaron y añadieron otros muy diferente.
Tal vez, el cambio más brusco de la mansión fueron los antagonistas, al principio quise que fuera.

La mansión la escribo intentando sacar todo lo oscuro que hay en mí, y todo la rabia  reprimida que siento durante tiempo, tal vez por eso haya tanta muerte seguida. u_u'  Habrá gente que no le llegue ese misterio o terror que intento crear, me temo que no he leído muchos libros de terror por desgracia. Pero intentaré mejorar.

Mis observaciones con respecto a la encuesta de que le faltó, fueron algo negativos. Teniendo en cuenta de que me piden sexo, pues, nunca pensé en añadir algo así pues...
Y comedia... no quiero hacer comedia, nunca fue mi intención, nunca. Aún así puedo añadir algo..

Yo tuve claro que no iba a acabar bien, porque estaba más que harta de finales felices y románticos. Y quería algo más triston y no tan típico.

La forma de escribir, tal vez no es la mejor, yo hace años que no  publicaba nada, aunque eso no tiene nada que ver.  Yo sé que fallo en algo, porque la historia en si me gusta, pero creo que le falta algo de sentimientos por parte de Gustav, y los personajes son algo sositos también. Me gustaría que lo próximo que escriba sea algo más profundo, dejando de lado la mansión, con esta lo único que pretendía era solo una historia interesante, que te enrede en su lecturas, que quieras seguir leyendo, que no sea ese clase se libro pesado y soso.  Creo que es todo lo que deben saber.

Estoy abierta a toda clase de criticas. Solo si son constructivas. ;)  Si teníais algo que decirme este es el post x)

martes, 14 de septiembre de 2010

La mansión - Capitulo 29º




Capítulo 29º - Volveré a por ti.

Miré a Béatrice, que se estaba  muriendo en mis brazos. Lancé una mirada amenazante a Natalie, que sonreía cínicamente.
– Haré lo que sea para salvarla pero ¡hazlo! – grité.
– ¿Lo que sea? – preguntó Camille.
– Lo que sea.
– Dame tu mano. – dijo Natalie sacando una daga de su larga túnica negra. Extendí la mano, ella la tomó y dijo:
– Juras darnos tu vida y dedicarla únicamente a nosotras para siempre.
– Lo juro. – dije mirando a Natalie a los ojos. Entonces, ella rasgó la piel de la palma de mi mano con la daga, y dibujó algo sobre ella, murmuró algo y luego, se apartó de mí y se reunió con las otras chicas. Observé  mi mano y vi dibujado una estrella de cinco puntas.
– Gustav….
Bajé mi mirada y me encontré con Béatrice, que se encontraba en perfecto estado, donde antes estaba una gran y profunda herida solo quedaba sangre… definitivamente, ellas no eran humanas.
– Te esperamos, Gustav. – dijo Natalie mientras se marchaban.
Ellas salieron por la puerta, parecían espíritus vagando por las ruinas de la casa.
–  ¡¡Ahh!!
Béatrice y yo nos levantamos sobresaltados. Entonces vimos a Bill.
– No tengo dedo. – dijo con lágrimas en los ojos.
– ¡¡Bill!! – dije buscando su dedo en mi bolsillo. Peor lo único que encontré fue una pieza de metal. La saqué del bolsillo, y ahí estaba el camafeo.  Me dio un escalofrío al verlo después de tanto.
– Béatrice, esto es tuyo, guárdalo, ¿vale? No se lo des a nadie, no se lo enseñes a nadie.
– Está bien. – dijo tomándolo.
– ¡¡Mi dedo!! – gritó Bill cogiéndolo del suelo. 
– Se me habrá caído al sacar el collar. – dije.
– Mi dedito. – dijo lloriqueando.
– No te preocupes Bill, te harán algo en el dedo.
Bill quedó observando su dedo salpicado de sangre. Y luego buscó a su hermano con la mirada. Y se lo encontró tendido en el suelo,  mordiendo un brazo.
– ¡Que asco! ¿Qué muerde? – dijo Bill.
Me acerqué a él, y le quité el brazo de la boca. Sería mejor  ahorrarle un trauma así.
– Tom. – dije. Este despertó de repente.
– ¿A pasado algo? – dijo mirando toda la sangre que había en el suelo.
– No, nada Tom. – dije ayudándole a levantarse. Entonces me fijé en Georg. Que aún permanecía atado a la pared por el cuello, le quité collarín de metal y luego dirigí mi vista a Tom. ¿Debía decirle lo de Alice? Le observé con lastima. No se lo diré, yo no.
– Gustav, ¿nos vamos? – preguntó Georg. 
– Sí…

Caminamos por  el pasillo, no conseguía localizarla, supongo que se habrían ido. Pero  aún no entendía muy bien lo que estaba pasando. ¿Por qué dijeron que me esperaban?
De todas formas lo único que me importaba ahora es que ellos estén bien. Bueno, Bill había resultado herido por mi culpa, y me siento culpable, si lo hubiera sabido antes no le hubiera hecho daño.
– ¿Ha donde vamos? – dije algo perdido.
– No lo sé, pero tengo la sensación de que se que por aquí vamos bien. – dijo Tom confuso.
– Gustav… – dijo Georg –. ¿Qué he hecho antes? No sé porque no lo recuerdo.
– No lo sé. – dije. Creo que ocultárselo será mejor.
– Sé cuando mientes. – dijo alterado.
– ¿¡Enserio!? – pregunté  dudoso.
– No, pero sé que lo sabes.
– Bueno… no sé, será mejor que no hablémonos de esto ahora.
– Este sitio es deprimente. – dijo Béatrice.
– Sí.
Entonces vi una tenue luz salir por un gran agujero en el techo de madera.
– Por ahí me caí. – dije.
– Sí, cuando decías que nos marcháramos que estábamos perdiendo el tiempo… – dijo Tom.

– Y de repente vas y te caes.  – continuó  Bill.
– Dejémoslo, lo importante es salir de aquí. – dije molesto.
Pasamos un tiempo mirando el agujero, sin decir nada. Pensaba en como salir, debía de haber alguna puerta.

– Gustav… – dijo Bill  –, estás muy gordo. Mira si es agujero dejaste en el techo.
Entonces se escucharon unas risitas de fondo.
– Yo no estoy gordo, es techo cedió, simplemente. ¿O te crees que mi barriga es así de grande?
– No lo sé….
– ¡Chicos! – dijo Béatrice. – Por aquí.
Vimos como ella abría una puerta casi invisible, se podía confundir perfectamente con la pared, aún así ella la encontró.  Como ese invernadero secreto de Rose, siempre sospeché de ella, peor al fin y al cabo solo era una mujer que tubo un pasado sombrío.
Subimos unas escaleras que nos llevaron a la planta superior, y por fin estábamos ahí, en la primera planta de la casa, listos para salir y volver a nuestra vida. O eso creo, aún seguía confuso por lo de Natalie.
Llegamos a la “puerta” Tom se la cargó para entrar, y solo quedaban trozos de madera esparcidos por el suelo.
Ellos salieron primero, luego Béatrice. Estaba amaneciendo. ¿Tanto tiempo habíamos pasado dentro?, desde ayer.
Béatrice salió. Ellos se alejaron unos pasos, yo quise echarle un último vistazo, todo seguía igual que antes, eso me tranquilizaba. Puse un pie fuera del lugar, cuando sentí un dolor  colosal en la cabeza, y la voz de Natalie no paraba de decirme “vuelve dentro”. No tuve más opción que hacerlo, y el dolor cesó al instante.
– ¿Gustav? – dijo Béatrice. – Te sangra la nariz.
Toqué mi nariz y sentí algo húmedo, cuando retiré en dedo, estaba manchado de sangre. Miré a Béatrice, que me observaba preocupada desde la puerta.
– Béatrice, será mejor que te marches, ve con los chicos. – dije.
– ¿¡Cómo!? – dijo sobresaltada –. Y dejarte aquí solo. No lo haré.
– Yo hice un juramento, debí saber que no me podría marchar de aquí sin ellas.
– ¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué con ellas?
– Déjalo Béatrice y márchate.
– ¡No! – gritó.
– Por favor, vete. – dije suplicante.

– Gustav…
– Vete. – dije.
Me miró casi llorando, me daba lastima, pero no había solución, ese era el trato, su vida y la libertad de mis amigos por tenerme.
– Adiós Béatrice. – dije marchándome.
Escuché sus pasos acercarse a mí, me giré para verla y volver a regañarle para que se marchara. Pero no tuve tiempo a reaccionar, y ella ya me besaba. Fue corto, tan corto que apenas sentí el roce de sus labios, fue un doloroso adiós, hasta nunca...
– Si no voy  ha poder verte me gustaría despedirme de ti dignamente. – dijo ella. Me gustaría ayudarte a…
– No sé puede.
– ¿Por qué lo hiciste? – preguntó.
– Por ti… y por ellos. No había otra opción.
Me observó apenada, sus lágrimas empezaron a fluir nuevamente. Le sonreí intentando calmarla. Aunque en realidad la idea de no volver a verla me aterrorizaba. ¿Qué pasa con mi familia? ¿Y mis amigos?
– Volveré a por ti. – dijo apartándose lentamente de mí.
– Adiós Béatrice. – dije dirigiéndome a las escaleras, por las que antes había subido.

Bajé las escaleras y encontré a Béatrice esperarme encapuchada.

– Gustav, vamos a irnos esta noche.

– Natalie, ¿Qué pasará con todos mis seres queridos? Los volveré a ver.
– No. – respondió tajantemente. – Tú lo juraste, eres mío para siempre… para siempre.


Fin



Safe Creative #1007030204797



jueves, 9 de septiembre de 2010

La mansión - Capitulo 28º

ImageShack, free image hosting, free video hosting, image hosting, video hosting, photo image hosting site, video hosting site

Capítulo 28º - Sobrevivir.

– Gustav… – escuché. 
Abrí los ojos levemente, pero la luz me cegó, obligándome a cerrar mis ojos.
– Gus… – siguió llamándome melosamente.
Intenté  volver a abrir los ojos, esperando encontrarme con la persona que me hablaba, pero lo veía todo borroso, solo conseguía captar colores y formas difusas, aún así era obvio que estaba en aquella habitación en la que se escuchaban murmullos.
– Gustav…
Quise ver a la persona que tanto me nombraba, pero no podía. Me zarandeé  intentando soltarme, ya que me hallaba atado de manos y pies a una silla, pero no conseguí nada, me encontraba demasiado débil como para poder soltarme, seguro que era por aquella sustancia que me inyectaron. Logré empezar a verlo todo con normalidad y pude   observar donde me localizaba, me encontraba en una habitación amplia, pero igual de destartalado que el resto de la casa, con un millar de escombros, además de polvo y tierra por doquier, paredes verduscas por el moho, casi sin su pintura original, e iluminado por un deprimente bombillo colgado del techo. Pero la habitación era lo de menos, lo importante era saber que era esto, ¿por qué mis amigos estaban así? Y quién me llamaba.
– Gustav. – dijo. Miré la persona que estaba frente a mí,  su rostro aún escondido bajo esa capucha, de la larga túnica negra. Su voz se me hacía  reconocida, muy reconocida, esa suave vocecita femenina… yo la había escuchado.
– ¿Quién eres?
La chica se detuvo delante de mí, aún no podía ver su rostro, y eso me frustraba. Quería saber quien demonios era.
– Enserio no sabes quien soy, Gustav. – volvió ha decir.
– Muéstrame tu rostro.
Ella alzó sus manos, y deslizó su capucha, y por fin la vi. Esos cabellos rubios, y… esos ojos…
– ¿Tú? ¿Cómo puede ser? Yo… te vi, tú estabas muerta.
– No todo es lo que parece… 
– Pero… tú y Camille, estabais muertas. Yo os vi. – dije sin poder creerlo.
Ella se alejó de mí. Los gruñidos rabiosos de mis amigos se escucharon. Se hallaban encadenados a la pared por el cuello, como si se tratase de unos sucios perros callejeros.  Cogió algo que estaba en una especie de cubo de metal, este tenía salpicaduras de un líquido rojo muy sospechoso…  No supe que pensar hasta que vi como les lanzaba un brazo cortado, que llegaba hasta un poco por encima del codo. No saben, lo deprimente que fue verlos luchar por un pedazo de carne… como si de simples bestias se tratase, luchando el uno contra el otro, arrastrándose, y cogiendo con la boca un brazo que intentaban tragarse enteros… Me dolió tantos verlos en ese estado.
– ¿Qué les has hecho? – dije en un hilo de voz. – ¡¡Natalie respóndeme!!
– Nada, están bien. ¿No lo ves?
– ¿Llamas bien a comportarse de esa manera?  – dije enojado.
– Oh, venga Gustav. No les hemos hecho nada.
– ¿Hemos? ¿Quiénes?
– Las chicas y yo tontorrón. – dijo con una sonrisita.
– ¡¡Devuélvelos a como estaban antes!! – exigí.
Ella no dijo nada, solo siguió dándoles carne a… mis amigos, o lo que quedaba de ellos.  ¿Cómo lo ha hecho? ¿Cómo ha conseguido que estén así? Lo único que se me ocurría era... no sé ni que pensar.
– ¿Cómo lo has hecho? – pregunté.
Ella rió.
– ¿Qué crees que soy? – preguntó divertida.
– El mismísimo diablo. – concluí.
Ella me miró como lo hacía siempre, tan juguetona y mimosa.
– No me gusta lo que has dicho. Adivínalo tú.
La miré frustrado, después de todo me venía con esos estúpidos juegos.
– Bruja. – musité.
– Correcto.
– Y me supongo que las demás también.
Ella sonrió dulcemente, dándome un “sí”. Y prosiguió lanzando carne.
– Por dios, deja de hacer eso. – dije enfurecido. – No son animales, son personas. 
La chica comenzó a reír a carcajadas.
– Por favor… Son mis amigos…
Me observó de reojo, luego me sonrió dejando de tirar  pedazos de carne.
Empecé a escuchar unos gritos, observé la puerta, que se encontraba abierta, y aprecié como los gritos se intensificaban, y al otro lado del marco unas especies de sombras se movían y querían entrar aquí.
– ¡Natalie! – susurré.
Éline entró, siempre con esa larga túnica negra. Tiraba de una chica que no paraba de gritar y patalear para no entrar. Parece que todos tememos de este lugar… En un movimiento brusco, Camille, consiguió empujarla dentro, provocando que se cayera.
– ¡¡Béatrice!! – grité.
– Gustav. – susurró débilmente.
Luché contra los amarres de cuero oscuro que me impedían moverme. Pero lo único que conseguí fue dañar mis muñecas.  Éline, la agarró de sus cabellos, haciendo que ella se tuviera que levantar y la llevó a una esquina de la estancia.
– ¿Qué hace ella aquí? – dije alterado.
– Bueno… – intervino Éline con ese deje francés tan particular. – Nunca quisimos a esos amigos tuyos, pero nos vinieron de perlas, y nunca está demás unos criados. Aún así, queríamos tenerte bien cogido de las pelotas, y para eso está Béatrice.
– ¿Qué queréis? – murmuré.
– Te queremos a ti. – dijo Natalie.
Observé los rostros de las demás chicas, esperando que fuera una  de las tonterías que decía Natalie, por ese trato tan cariñoso cuando se refería a mí.
Pero ella estaban serias, a excepción de Natalie que sonreía dulcemente, definitivamente no era una broma. No sé si es lo más romántico o perturbador que me han dicho en toda mi vida.
– ¿Yo? ¿Y por qué me intentasteis matar? – dije confundido.
– Nunca me caíste bien. – dijo Éline afilando el cuchillo.
– No lo entiendo, ¿por qué yo? – pregunté.
– ¡No! No le hagas caso. – gritó Béatrice. Pero Camille le propinó un fuerte golpe en su cabeza, haciendo que se desplomara inconsciente.
– Tienes dos opciones: Vienes con nosotras, y ellos, incluida Béatrice se salva. Esa es la mejor opción…
– O, ellos mueren y tú sobrevives sabiendo que has matado a tus amigos, y a ella. – intervino Éline sin dejar acabar a Natalie.
– Gustav. – murmuró Béatrice.
– ¿No me soltarás antes? – dije.
Natalie no dudo en soltar mis amarres, y por fin quedé libre de ese apretado cuero que me provocó pequeñas heridas en mis muñecas.
Caminé unos pasos, y cometí el error de mirar a Béatrice, no debí hacerlo. Porque en ese momento reflejé mi  traición hacia ellas, momento que aprovecharon para alcanzar a Béatrice, y cortar sin ninguna pizca de pudor el cuello de la chica.
– ¡¡Béatrice!! – grité aproximándome hacia ella.  Observé a Éline destrozado, ella no paraba de reirse.
Ella estaba en mis brazos,  apunto de morir, observé la gran franja que había en su cuello, sus latidos disminuían, su piel se ponía fria… y no podía hacer nada para salvarla.
– Béatrice. – dije en un hilo de voz.
Una lágrima se deslizó por mi mejilla, y cayó  sobre mi manos llenas de su sangre, está se deslizo hasta terminar en el suelo, entonces, la voz  de los niños apareció en mi cabeza. “Tus lágrimas sangrientas fluirán”  La maldición había terminado…
– Por favor, sálvala. Haré lo que sea, pero ¡hazlo! 




[[ Antes de que dejes de leer quiero deciros a todos y todas, tanto lo que lean la mansión activa  (comentando)  y pasivamente ( solo leer) que me gustaría para el ultimo capitulo el 29º que comentarais TODOS.  Sí, sí, todos, o sea si eres seguidor pasivo por favor, más que sea comenta el ultimo. Se lo agradeceré eternamente :) ]]


Safe Creative #1007030204797
- - - -  -- --  - - - --- - - - - - --

lunes, 6 de septiembre de 2010

La mansión - Capitulo 27º


ImageShack, free image hosting, free video hosting, image hosting, video hosting, photo image hosting site, video hosting site

Capitulo 27º - Viejos amigos.

Retrocedí un par de pasos, hasta escuchar otro gruñido tras mí, no me lo podía creer, estaba rodeado.
Empuñé el cuchillo, y aguardé. Si atacaba yo, estaría perdido, si lo hacían ellos también, ¿qué debo hacer? 
– Hoy vas a morir. – dijo la niña.
– ¡No! Me maldijisteis, no podéis hacer esto. – dije desconcertado. Entonces, uno de los perros se lanzó sobre mí, haciendo que cayera al suelo y soltara el cuchillo, el animal clavó sus dientes en mi hombro, desagarrando mi piel. Procuré apartarle de mí, pero cuando lo hacía sus dientes me hacían más daño. Los cuatro perros restantes se abalanzaron sobre mí, mordiendo todo mi cuerpo, luché por conseguir el cuchillo, que estaba demasiado lejos.  
– ¡Mira lo que tenemos aquí! – dijo el niño cogiendo el cuchillo.
Perdí toda esperanza de salir con vida cuando lo cogió y empezó a caminar hacía ¿mí?
– Pequeños, ya basta. – dijo el niño. Los perros obedecieron y se quitaron de encima, y se fueron con su dueña. El niño me dio el cuchillo, yo lo acepté.
– ¿Por qué?
– Nunca te dije que te mataría yo. – dijo la niña con su vocecita chillona, tan insoportable.
– Prepárate para lo que vendrá Gustav Schäfer, esto es solo el comienzo. – dijo el niño marchándose.
– Hay alguien muy enojado que te busca, y no te dejará hasta que tú no mueras. – dijo la niña.
– Con eso quieres decirme que ya no estoy maldito.
– No…
Los dos niños y sus perros desaparecieron, en la oscuridad, dejándome mucho más confundido de lo que estaba antes.
Me levanté costosamente, mi cuerpo estaba lleno de moretones, raspones y heridas, pero las más preocupantes eran la de mi hombro y pierna, que no paraban de sangrar.
Me di la vuelta, y empecé a caminar por el pasillo, mi pierna no me permitía ir muy rápido, sentía demasiado dolor.  Caminé por el pasillo, intentando enlazar todo lo que sabía de esto, debía empezar a formar ese puzzle, de pistas indirectas.
Mi temor inicial, los perros, dominados por esos míos, pero habían quedado en el olvido tras esto último. Tengo la sensación de que solo fui su juguete, y luego, al ver como destrozaba sus mascotas, decidieron eliminarme. Aunque, por culpa de su maldición, he visto y hecho cosas horribles, empezando por la muerte de Alice, tal vez, el primer amor de Tom. E salvado a la pequeña Mailen, enfrentándome a tres horribles monstruos. Después llegó el espantapájaros, que mató a Natalie, pobre chica, no era mala persona… Y a Éline y Camille, no sé como pude permitir algo así. Dejando de lado la maldición de los niños, estaba el camafeo, un extraño pero hermoso colgante que desde que Andrew me lo dio, no había tenido más que problemas. Sobre todo esa oleada de falsas Béatrice, que aún, en lo más profundo de mí, sentía miedo solo de pensar en que yo la había matado. ¿Lo habré hecho? La he… ¿matado?  Se empezó a formar un nudo en mi garganta.
– Béatrice. – suspiré. Yo no puedo haberla matado, yo…
Un gruñido me alejó de mis pensamientos. Delante de mí a unos cuatro metros,  se veía algo, ¿pero que demonios era? ¿Eran los niños?
– ¿Qué hacéis aquí? – dije enfadado.
La bestia volvió a gruñir. No me podía creer que me hubieran vuelto a engañar
haciéndome creer que había acabado.
– ¿Qué quieres? – pregunté.
Un gruñido se escuchó justo detrás de mí, me volteé asustado. Pero no vi nada… sentí algo pasar a mi lado y luego el gruñido se volvió a escuchar. Me giré sin ver nada, pero la fuerte respiración del animal me decía que estaba ahí, delante de mí. Volví a escuchar más gruñidos a mí alrededor. No estaba solo. Salí corriendo hasta el otro extremo del pasillo,  sus pasos se escuchaban detrás de mí, ¿pero que eran?
Entré dentro de la otra estancia, con la mal suerte de que el monstruo pudo alcanzarme y colocó su brazo para que yo no pudiera cerrar la puerta. Intenté una y otra vez cerrarla, hasta que lo conseguí. Cuando lo hice, la puerta hizo un ruido extrañísimo, como ha roto. Miré el suelo y vi un dedo ensangrentado… Lo cogí asqueado y lo observé. Me quede helado cuando después de mirarlo una y otra vez, pude comprobar que era humano, y además, iba pintado de negro, como las uñas de  Bill…  
Abrí la puerta y le vi.
– ¿Bill? – dije en un hilo de voz.
Él solo gruñó, como si se tratase de un animal. Miré sus ojos que ya no estaban de ese color marrón, sino que estaban totalmente en blanco, sus labios desprendían sangre. Parecía el rostro de un zombie y no el de mi amigo Bill, retrocedí asustado, nunca pensé en esto. No puedo hacerle daño, a pesar de que él no quiera eso para mí. Retrocedí unos pasos, él solo me observaba, hasta podía jurar que había sonreído.  Choqué contra algo, este gruñó. Miré hacía arriba, y vi a Tom, en el mismo estado zombie que el de su hermano. Tom me agarró de las muñecas, y con una fuerza sobre humana, me elevó. Bill se acercó a mí, torpemente, y mordió mi brazo, clavando sus dientes en el, haciéndome sufrir un intenso dolor hasta poder quitarme un pequeño trozo, mis lágrimas surgían de dolor.
– ¡Bill! – grité dolorido. Miré mi brazo sangrar y sangrar, y le vi a él volver a  por mí. No iba a permitir que me comiera vivo. Entonces Georg apareció, en el mismo estado que el de mis dos amigos, ahora si que  iba a sufrir. No paré de pegarle patadas a Tom hasta que este no me soltó. Caí al suelo, justo delante de Bill, este me agarró del tobillo, pero pude zafarme de su agarre con facilidad. Me arrastré hasta la salida, pero la puerta se cerró desde fuera, dejándome con esos tres. Sentí las frías manos de Bill, agarrarme de la nuca y elevarme hasta dejarme a varios centímetros del suelo, para luego lanzarme contra la pared izquierda y dejarme atontado por el golpe. Noté como alguien me agarró de la pierna, entonces comenzó a arrastrarme por el polvoriento suelo, llevándome hasta algún lugar. Solo se escuchaban sus pasos, abrí los ojos ligeramente, y no pude ver más que oscuridad, ¿a dónde me están llevando?
Pude apreciar una tenue luz a mi derecha, ellos se detuvieron. Tom se acercó a la puerta y la abrió, encandilándome con la luz. Sentí que tiraba de mí hacia esa habitación. Sea lo que sea me negaba a entrar ahí. Un murmullo empezó a hacerse escuchar cada vez que estaba más cerca de esa puerta, mejor podía escuchar esas voces.
Me agarré a una tabla de madera del suelo, intentando impedir que me arrastraran a esa habitación, sea lo que sea, quien demonios estuviese en esa estancia, no quería entrar.
Le pataleé hasta que me soltó totalmente, momento en el que aproveché para huir de ellos. Corrí apresuradamente, abriendo cada puerta que me encontraba, hasta que una se abrió delante de mí, y apareció una de las personas que iban encapuchados. Iba a girarme cuando, en un movimiento rápido, él, consiguió inyectarme una sustancia transparente en el brazo, que hizo que me debilitara, caí al suelo, intentaba mantener mi vista en un punto fijo, pero me era imposible, entonces el miedo se apoderó de mí…
¿Qué pasará luego? ¿Qué harán conmigo?

Safe Creative #1007030204797

- -  - -  - -  - -   - -   - - - - - -

Este es el antepenúltimo capítulo.  No, no me he equivocado, faltan dos capítulos. ;3 

Recent Posts

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...