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viernes, 17 de septiembre de 2010

Curiosidades de La Mansión


He querido hacer esto desde hace mucho, me daba tanta ilusión poner todos las curiosidades de la mansión.

Al principio, la base del fanfics,  quería crear misterio, sí, misterio, más que comedia  nunca quise comedia ni nada, solo crear un fics misterio. Y me sorprende que de la base solo se haya conservado, la mansión, el personaje principal ( Gustav) y una chica. Antes iba  a ser Adeline, pero odio las cosas obvias, y introduje a Béatrice.
Del principio del fics a los últimos se ha añadido muchos personajes terciarios que aparentemente no tendrán nada que ver en la historia, pero que todo unido, sí, a lo mejor ahora no se ve muy claramente, pero en la segunda temporada se aclarará todo.
Yo tenía otras ideas, muchos "capítulos" programados, por así decirlo, que al final se quitaron y añadieron otros muy diferente.
Tal vez, el cambio más brusco de la mansión fueron los antagonistas, al principio quise que fuera.

La mansión la escribo intentando sacar todo lo oscuro que hay en mí, y todo la rabia  reprimida que siento durante tiempo, tal vez por eso haya tanta muerte seguida. u_u'  Habrá gente que no le llegue ese misterio o terror que intento crear, me temo que no he leído muchos libros de terror por desgracia. Pero intentaré mejorar.

Mis observaciones con respecto a la encuesta de que le faltó, fueron algo negativos. Teniendo en cuenta de que me piden sexo, pues, nunca pensé en añadir algo así pues...
Y comedia... no quiero hacer comedia, nunca fue mi intención, nunca. Aún así puedo añadir algo..

Yo tuve claro que no iba a acabar bien, porque estaba más que harta de finales felices y románticos. Y quería algo más triston y no tan típico.

La forma de escribir, tal vez no es la mejor, yo hace años que no  publicaba nada, aunque eso no tiene nada que ver.  Yo sé que fallo en algo, porque la historia en si me gusta, pero creo que le falta algo de sentimientos por parte de Gustav, y los personajes son algo sositos también. Me gustaría que lo próximo que escriba sea algo más profundo, dejando de lado la mansión, con esta lo único que pretendía era solo una historia interesante, que te enrede en su lecturas, que quieras seguir leyendo, que no sea ese clase se libro pesado y soso.  Creo que es todo lo que deben saber.

Estoy abierta a toda clase de criticas. Solo si son constructivas. ;)  Si teníais algo que decirme este es el post x)

martes, 14 de septiembre de 2010

La mansión - Capitulo 29º




Capítulo 29º - Volveré a por ti.

Miré a Béatrice, que se estaba  muriendo en mis brazos. Lancé una mirada amenazante a Natalie, que sonreía cínicamente.
– Haré lo que sea para salvarla pero ¡hazlo! – grité.
– ¿Lo que sea? – preguntó Camille.
– Lo que sea.
– Dame tu mano. – dijo Natalie sacando una daga de su larga túnica negra. Extendí la mano, ella la tomó y dijo:
– Juras darnos tu vida y dedicarla únicamente a nosotras para siempre.
– Lo juro. – dije mirando a Natalie a los ojos. Entonces, ella rasgó la piel de la palma de mi mano con la daga, y dibujó algo sobre ella, murmuró algo y luego, se apartó de mí y se reunió con las otras chicas. Observé  mi mano y vi dibujado una estrella de cinco puntas.
– Gustav….
Bajé mi mirada y me encontré con Béatrice, que se encontraba en perfecto estado, donde antes estaba una gran y profunda herida solo quedaba sangre… definitivamente, ellas no eran humanas.
– Te esperamos, Gustav. – dijo Natalie mientras se marchaban.
Ellas salieron por la puerta, parecían espíritus vagando por las ruinas de la casa.
–  ¡¡Ahh!!
Béatrice y yo nos levantamos sobresaltados. Entonces vimos a Bill.
– No tengo dedo. – dijo con lágrimas en los ojos.
– ¡¡Bill!! – dije buscando su dedo en mi bolsillo. Peor lo único que encontré fue una pieza de metal. La saqué del bolsillo, y ahí estaba el camafeo.  Me dio un escalofrío al verlo después de tanto.
– Béatrice, esto es tuyo, guárdalo, ¿vale? No se lo des a nadie, no se lo enseñes a nadie.
– Está bien. – dijo tomándolo.
– ¡¡Mi dedo!! – gritó Bill cogiéndolo del suelo. 
– Se me habrá caído al sacar el collar. – dije.
– Mi dedito. – dijo lloriqueando.
– No te preocupes Bill, te harán algo en el dedo.
Bill quedó observando su dedo salpicado de sangre. Y luego buscó a su hermano con la mirada. Y se lo encontró tendido en el suelo,  mordiendo un brazo.
– ¡Que asco! ¿Qué muerde? – dijo Bill.
Me acerqué a él, y le quité el brazo de la boca. Sería mejor  ahorrarle un trauma así.
– Tom. – dije. Este despertó de repente.
– ¿A pasado algo? – dijo mirando toda la sangre que había en el suelo.
– No, nada Tom. – dije ayudándole a levantarse. Entonces me fijé en Georg. Que aún permanecía atado a la pared por el cuello, le quité collarín de metal y luego dirigí mi vista a Tom. ¿Debía decirle lo de Alice? Le observé con lastima. No se lo diré, yo no.
– Gustav, ¿nos vamos? – preguntó Georg. 
– Sí…

Caminamos por  el pasillo, no conseguía localizarla, supongo que se habrían ido. Pero  aún no entendía muy bien lo que estaba pasando. ¿Por qué dijeron que me esperaban?
De todas formas lo único que me importaba ahora es que ellos estén bien. Bueno, Bill había resultado herido por mi culpa, y me siento culpable, si lo hubiera sabido antes no le hubiera hecho daño.
– ¿Ha donde vamos? – dije algo perdido.
– No lo sé, pero tengo la sensación de que se que por aquí vamos bien. – dijo Tom confuso.
– Gustav… – dijo Georg –. ¿Qué he hecho antes? No sé porque no lo recuerdo.
– No lo sé. – dije. Creo que ocultárselo será mejor.
– Sé cuando mientes. – dijo alterado.
– ¿¡Enserio!? – pregunté  dudoso.
– No, pero sé que lo sabes.
– Bueno… no sé, será mejor que no hablémonos de esto ahora.
– Este sitio es deprimente. – dijo Béatrice.
– Sí.
Entonces vi una tenue luz salir por un gran agujero en el techo de madera.
– Por ahí me caí. – dije.
– Sí, cuando decías que nos marcháramos que estábamos perdiendo el tiempo… – dijo Tom.

– Y de repente vas y te caes.  – continuó  Bill.
– Dejémoslo, lo importante es salir de aquí. – dije molesto.
Pasamos un tiempo mirando el agujero, sin decir nada. Pensaba en como salir, debía de haber alguna puerta.

– Gustav… – dijo Bill  –, estás muy gordo. Mira si es agujero dejaste en el techo.
Entonces se escucharon unas risitas de fondo.
– Yo no estoy gordo, es techo cedió, simplemente. ¿O te crees que mi barriga es así de grande?
– No lo sé….
– ¡Chicos! – dijo Béatrice. – Por aquí.
Vimos como ella abría una puerta casi invisible, se podía confundir perfectamente con la pared, aún así ella la encontró.  Como ese invernadero secreto de Rose, siempre sospeché de ella, peor al fin y al cabo solo era una mujer que tubo un pasado sombrío.
Subimos unas escaleras que nos llevaron a la planta superior, y por fin estábamos ahí, en la primera planta de la casa, listos para salir y volver a nuestra vida. O eso creo, aún seguía confuso por lo de Natalie.
Llegamos a la “puerta” Tom se la cargó para entrar, y solo quedaban trozos de madera esparcidos por el suelo.
Ellos salieron primero, luego Béatrice. Estaba amaneciendo. ¿Tanto tiempo habíamos pasado dentro?, desde ayer.
Béatrice salió. Ellos se alejaron unos pasos, yo quise echarle un último vistazo, todo seguía igual que antes, eso me tranquilizaba. Puse un pie fuera del lugar, cuando sentí un dolor  colosal en la cabeza, y la voz de Natalie no paraba de decirme “vuelve dentro”. No tuve más opción que hacerlo, y el dolor cesó al instante.
– ¿Gustav? – dijo Béatrice. – Te sangra la nariz.
Toqué mi nariz y sentí algo húmedo, cuando retiré en dedo, estaba manchado de sangre. Miré a Béatrice, que me observaba preocupada desde la puerta.
– Béatrice, será mejor que te marches, ve con los chicos. – dije.
– ¿¡Cómo!? – dijo sobresaltada –. Y dejarte aquí solo. No lo haré.
– Yo hice un juramento, debí saber que no me podría marchar de aquí sin ellas.
– ¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué con ellas?
– Déjalo Béatrice y márchate.
– ¡No! – gritó.
– Por favor, vete. – dije suplicante.

– Gustav…
– Vete. – dije.
Me miró casi llorando, me daba lastima, pero no había solución, ese era el trato, su vida y la libertad de mis amigos por tenerme.
– Adiós Béatrice. – dije marchándome.
Escuché sus pasos acercarse a mí, me giré para verla y volver a regañarle para que se marchara. Pero no tuve tiempo a reaccionar, y ella ya me besaba. Fue corto, tan corto que apenas sentí el roce de sus labios, fue un doloroso adiós, hasta nunca...
– Si no voy  ha poder verte me gustaría despedirme de ti dignamente. – dijo ella. Me gustaría ayudarte a…
– No sé puede.
– ¿Por qué lo hiciste? – preguntó.
– Por ti… y por ellos. No había otra opción.
Me observó apenada, sus lágrimas empezaron a fluir nuevamente. Le sonreí intentando calmarla. Aunque en realidad la idea de no volver a verla me aterrorizaba. ¿Qué pasa con mi familia? ¿Y mis amigos?
– Volveré a por ti. – dijo apartándose lentamente de mí.
– Adiós Béatrice. – dije dirigiéndome a las escaleras, por las que antes había subido.

Bajé las escaleras y encontré a Béatrice esperarme encapuchada.

– Gustav, vamos a irnos esta noche.

– Natalie, ¿Qué pasará con todos mis seres queridos? Los volveré a ver.
– No. – respondió tajantemente. – Tú lo juraste, eres mío para siempre… para siempre.


Fin



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jueves, 9 de septiembre de 2010

La mansión - Capitulo 28º

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Capítulo 28º - Sobrevivir.

– Gustav… – escuché. 
Abrí los ojos levemente, pero la luz me cegó, obligándome a cerrar mis ojos.
– Gus… – siguió llamándome melosamente.
Intenté  volver a abrir los ojos, esperando encontrarme con la persona que me hablaba, pero lo veía todo borroso, solo conseguía captar colores y formas difusas, aún así era obvio que estaba en aquella habitación en la que se escuchaban murmullos.
– Gustav…
Quise ver a la persona que tanto me nombraba, pero no podía. Me zarandeé  intentando soltarme, ya que me hallaba atado de manos y pies a una silla, pero no conseguí nada, me encontraba demasiado débil como para poder soltarme, seguro que era por aquella sustancia que me inyectaron. Logré empezar a verlo todo con normalidad y pude   observar donde me localizaba, me encontraba en una habitación amplia, pero igual de destartalado que el resto de la casa, con un millar de escombros, además de polvo y tierra por doquier, paredes verduscas por el moho, casi sin su pintura original, e iluminado por un deprimente bombillo colgado del techo. Pero la habitación era lo de menos, lo importante era saber que era esto, ¿por qué mis amigos estaban así? Y quién me llamaba.
– Gustav. – dijo. Miré la persona que estaba frente a mí,  su rostro aún escondido bajo esa capucha, de la larga túnica negra. Su voz se me hacía  reconocida, muy reconocida, esa suave vocecita femenina… yo la había escuchado.
– ¿Quién eres?
La chica se detuvo delante de mí, aún no podía ver su rostro, y eso me frustraba. Quería saber quien demonios era.
– Enserio no sabes quien soy, Gustav. – volvió ha decir.
– Muéstrame tu rostro.
Ella alzó sus manos, y deslizó su capucha, y por fin la vi. Esos cabellos rubios, y… esos ojos…
– ¿Tú? ¿Cómo puede ser? Yo… te vi, tú estabas muerta.
– No todo es lo que parece… 
– Pero… tú y Camille, estabais muertas. Yo os vi. – dije sin poder creerlo.
Ella se alejó de mí. Los gruñidos rabiosos de mis amigos se escucharon. Se hallaban encadenados a la pared por el cuello, como si se tratase de unos sucios perros callejeros.  Cogió algo que estaba en una especie de cubo de metal, este tenía salpicaduras de un líquido rojo muy sospechoso…  No supe que pensar hasta que vi como les lanzaba un brazo cortado, que llegaba hasta un poco por encima del codo. No saben, lo deprimente que fue verlos luchar por un pedazo de carne… como si de simples bestias se tratase, luchando el uno contra el otro, arrastrándose, y cogiendo con la boca un brazo que intentaban tragarse enteros… Me dolió tantos verlos en ese estado.
– ¿Qué les has hecho? – dije en un hilo de voz. – ¡¡Natalie respóndeme!!
– Nada, están bien. ¿No lo ves?
– ¿Llamas bien a comportarse de esa manera?  – dije enojado.
– Oh, venga Gustav. No les hemos hecho nada.
– ¿Hemos? ¿Quiénes?
– Las chicas y yo tontorrón. – dijo con una sonrisita.
– ¡¡Devuélvelos a como estaban antes!! – exigí.
Ella no dijo nada, solo siguió dándoles carne a… mis amigos, o lo que quedaba de ellos.  ¿Cómo lo ha hecho? ¿Cómo ha conseguido que estén así? Lo único que se me ocurría era... no sé ni que pensar.
– ¿Cómo lo has hecho? – pregunté.
Ella rió.
– ¿Qué crees que soy? – preguntó divertida.
– El mismísimo diablo. – concluí.
Ella me miró como lo hacía siempre, tan juguetona y mimosa.
– No me gusta lo que has dicho. Adivínalo tú.
La miré frustrado, después de todo me venía con esos estúpidos juegos.
– Bruja. – musité.
– Correcto.
– Y me supongo que las demás también.
Ella sonrió dulcemente, dándome un “sí”. Y prosiguió lanzando carne.
– Por dios, deja de hacer eso. – dije enfurecido. – No son animales, son personas. 
La chica comenzó a reír a carcajadas.
– Por favor… Son mis amigos…
Me observó de reojo, luego me sonrió dejando de tirar  pedazos de carne.
Empecé a escuchar unos gritos, observé la puerta, que se encontraba abierta, y aprecié como los gritos se intensificaban, y al otro lado del marco unas especies de sombras se movían y querían entrar aquí.
– ¡Natalie! – susurré.
Éline entró, siempre con esa larga túnica negra. Tiraba de una chica que no paraba de gritar y patalear para no entrar. Parece que todos tememos de este lugar… En un movimiento brusco, Camille, consiguió empujarla dentro, provocando que se cayera.
– ¡¡Béatrice!! – grité.
– Gustav. – susurró débilmente.
Luché contra los amarres de cuero oscuro que me impedían moverme. Pero lo único que conseguí fue dañar mis muñecas.  Éline, la agarró de sus cabellos, haciendo que ella se tuviera que levantar y la llevó a una esquina de la estancia.
– ¿Qué hace ella aquí? – dije alterado.
– Bueno… – intervino Éline con ese deje francés tan particular. – Nunca quisimos a esos amigos tuyos, pero nos vinieron de perlas, y nunca está demás unos criados. Aún así, queríamos tenerte bien cogido de las pelotas, y para eso está Béatrice.
– ¿Qué queréis? – murmuré.
– Te queremos a ti. – dijo Natalie.
Observé los rostros de las demás chicas, esperando que fuera una  de las tonterías que decía Natalie, por ese trato tan cariñoso cuando se refería a mí.
Pero ella estaban serias, a excepción de Natalie que sonreía dulcemente, definitivamente no era una broma. No sé si es lo más romántico o perturbador que me han dicho en toda mi vida.
– ¿Yo? ¿Y por qué me intentasteis matar? – dije confundido.
– Nunca me caíste bien. – dijo Éline afilando el cuchillo.
– No lo entiendo, ¿por qué yo? – pregunté.
– ¡No! No le hagas caso. – gritó Béatrice. Pero Camille le propinó un fuerte golpe en su cabeza, haciendo que se desplomara inconsciente.
– Tienes dos opciones: Vienes con nosotras, y ellos, incluida Béatrice se salva. Esa es la mejor opción…
– O, ellos mueren y tú sobrevives sabiendo que has matado a tus amigos, y a ella. – intervino Éline sin dejar acabar a Natalie.
– Gustav. – murmuró Béatrice.
– ¿No me soltarás antes? – dije.
Natalie no dudo en soltar mis amarres, y por fin quedé libre de ese apretado cuero que me provocó pequeñas heridas en mis muñecas.
Caminé unos pasos, y cometí el error de mirar a Béatrice, no debí hacerlo. Porque en ese momento reflejé mi  traición hacia ellas, momento que aprovecharon para alcanzar a Béatrice, y cortar sin ninguna pizca de pudor el cuello de la chica.
– ¡¡Béatrice!! – grité aproximándome hacia ella.  Observé a Éline destrozado, ella no paraba de reirse.
Ella estaba en mis brazos,  apunto de morir, observé la gran franja que había en su cuello, sus latidos disminuían, su piel se ponía fria… y no podía hacer nada para salvarla.
– Béatrice. – dije en un hilo de voz.
Una lágrima se deslizó por mi mejilla, y cayó  sobre mi manos llenas de su sangre, está se deslizo hasta terminar en el suelo, entonces, la voz  de los niños apareció en mi cabeza. “Tus lágrimas sangrientas fluirán”  La maldición había terminado…
– Por favor, sálvala. Haré lo que sea, pero ¡hazlo! 




[[ Antes de que dejes de leer quiero deciros a todos y todas, tanto lo que lean la mansión activa  (comentando)  y pasivamente ( solo leer) que me gustaría para el ultimo capitulo el 29º que comentarais TODOS.  Sí, sí, todos, o sea si eres seguidor pasivo por favor, más que sea comenta el ultimo. Se lo agradeceré eternamente :) ]]


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lunes, 6 de septiembre de 2010

La mansión - Capitulo 27º


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Capitulo 27º - Viejos amigos.

Retrocedí un par de pasos, hasta escuchar otro gruñido tras mí, no me lo podía creer, estaba rodeado.
Empuñé el cuchillo, y aguardé. Si atacaba yo, estaría perdido, si lo hacían ellos también, ¿qué debo hacer? 
– Hoy vas a morir. – dijo la niña.
– ¡No! Me maldijisteis, no podéis hacer esto. – dije desconcertado. Entonces, uno de los perros se lanzó sobre mí, haciendo que cayera al suelo y soltara el cuchillo, el animal clavó sus dientes en mi hombro, desagarrando mi piel. Procuré apartarle de mí, pero cuando lo hacía sus dientes me hacían más daño. Los cuatro perros restantes se abalanzaron sobre mí, mordiendo todo mi cuerpo, luché por conseguir el cuchillo, que estaba demasiado lejos.  
– ¡Mira lo que tenemos aquí! – dijo el niño cogiendo el cuchillo.
Perdí toda esperanza de salir con vida cuando lo cogió y empezó a caminar hacía ¿mí?
– Pequeños, ya basta. – dijo el niño. Los perros obedecieron y se quitaron de encima, y se fueron con su dueña. El niño me dio el cuchillo, yo lo acepté.
– ¿Por qué?
– Nunca te dije que te mataría yo. – dijo la niña con su vocecita chillona, tan insoportable.
– Prepárate para lo que vendrá Gustav Schäfer, esto es solo el comienzo. – dijo el niño marchándose.
– Hay alguien muy enojado que te busca, y no te dejará hasta que tú no mueras. – dijo la niña.
– Con eso quieres decirme que ya no estoy maldito.
– No…
Los dos niños y sus perros desaparecieron, en la oscuridad, dejándome mucho más confundido de lo que estaba antes.
Me levanté costosamente, mi cuerpo estaba lleno de moretones, raspones y heridas, pero las más preocupantes eran la de mi hombro y pierna, que no paraban de sangrar.
Me di la vuelta, y empecé a caminar por el pasillo, mi pierna no me permitía ir muy rápido, sentía demasiado dolor.  Caminé por el pasillo, intentando enlazar todo lo que sabía de esto, debía empezar a formar ese puzzle, de pistas indirectas.
Mi temor inicial, los perros, dominados por esos míos, pero habían quedado en el olvido tras esto último. Tengo la sensación de que solo fui su juguete, y luego, al ver como destrozaba sus mascotas, decidieron eliminarme. Aunque, por culpa de su maldición, he visto y hecho cosas horribles, empezando por la muerte de Alice, tal vez, el primer amor de Tom. E salvado a la pequeña Mailen, enfrentándome a tres horribles monstruos. Después llegó el espantapájaros, que mató a Natalie, pobre chica, no era mala persona… Y a Éline y Camille, no sé como pude permitir algo así. Dejando de lado la maldición de los niños, estaba el camafeo, un extraño pero hermoso colgante que desde que Andrew me lo dio, no había tenido más que problemas. Sobre todo esa oleada de falsas Béatrice, que aún, en lo más profundo de mí, sentía miedo solo de pensar en que yo la había matado. ¿Lo habré hecho? La he… ¿matado?  Se empezó a formar un nudo en mi garganta.
– Béatrice. – suspiré. Yo no puedo haberla matado, yo…
Un gruñido me alejó de mis pensamientos. Delante de mí a unos cuatro metros,  se veía algo, ¿pero que demonios era? ¿Eran los niños?
– ¿Qué hacéis aquí? – dije enfadado.
La bestia volvió a gruñir. No me podía creer que me hubieran vuelto a engañar
haciéndome creer que había acabado.
– ¿Qué quieres? – pregunté.
Un gruñido se escuchó justo detrás de mí, me volteé asustado. Pero no vi nada… sentí algo pasar a mi lado y luego el gruñido se volvió a escuchar. Me giré sin ver nada, pero la fuerte respiración del animal me decía que estaba ahí, delante de mí. Volví a escuchar más gruñidos a mí alrededor. No estaba solo. Salí corriendo hasta el otro extremo del pasillo,  sus pasos se escuchaban detrás de mí, ¿pero que eran?
Entré dentro de la otra estancia, con la mal suerte de que el monstruo pudo alcanzarme y colocó su brazo para que yo no pudiera cerrar la puerta. Intenté una y otra vez cerrarla, hasta que lo conseguí. Cuando lo hice, la puerta hizo un ruido extrañísimo, como ha roto. Miré el suelo y vi un dedo ensangrentado… Lo cogí asqueado y lo observé. Me quede helado cuando después de mirarlo una y otra vez, pude comprobar que era humano, y además, iba pintado de negro, como las uñas de  Bill…  
Abrí la puerta y le vi.
– ¿Bill? – dije en un hilo de voz.
Él solo gruñó, como si se tratase de un animal. Miré sus ojos que ya no estaban de ese color marrón, sino que estaban totalmente en blanco, sus labios desprendían sangre. Parecía el rostro de un zombie y no el de mi amigo Bill, retrocedí asustado, nunca pensé en esto. No puedo hacerle daño, a pesar de que él no quiera eso para mí. Retrocedí unos pasos, él solo me observaba, hasta podía jurar que había sonreído.  Choqué contra algo, este gruñó. Miré hacía arriba, y vi a Tom, en el mismo estado zombie que el de su hermano. Tom me agarró de las muñecas, y con una fuerza sobre humana, me elevó. Bill se acercó a mí, torpemente, y mordió mi brazo, clavando sus dientes en el, haciéndome sufrir un intenso dolor hasta poder quitarme un pequeño trozo, mis lágrimas surgían de dolor.
– ¡Bill! – grité dolorido. Miré mi brazo sangrar y sangrar, y le vi a él volver a  por mí. No iba a permitir que me comiera vivo. Entonces Georg apareció, en el mismo estado que el de mis dos amigos, ahora si que  iba a sufrir. No paré de pegarle patadas a Tom hasta que este no me soltó. Caí al suelo, justo delante de Bill, este me agarró del tobillo, pero pude zafarme de su agarre con facilidad. Me arrastré hasta la salida, pero la puerta se cerró desde fuera, dejándome con esos tres. Sentí las frías manos de Bill, agarrarme de la nuca y elevarme hasta dejarme a varios centímetros del suelo, para luego lanzarme contra la pared izquierda y dejarme atontado por el golpe. Noté como alguien me agarró de la pierna, entonces comenzó a arrastrarme por el polvoriento suelo, llevándome hasta algún lugar. Solo se escuchaban sus pasos, abrí los ojos ligeramente, y no pude ver más que oscuridad, ¿a dónde me están llevando?
Pude apreciar una tenue luz a mi derecha, ellos se detuvieron. Tom se acercó a la puerta y la abrió, encandilándome con la luz. Sentí que tiraba de mí hacia esa habitación. Sea lo que sea me negaba a entrar ahí. Un murmullo empezó a hacerse escuchar cada vez que estaba más cerca de esa puerta, mejor podía escuchar esas voces.
Me agarré a una tabla de madera del suelo, intentando impedir que me arrastraran a esa habitación, sea lo que sea, quien demonios estuviese en esa estancia, no quería entrar.
Le pataleé hasta que me soltó totalmente, momento en el que aproveché para huir de ellos. Corrí apresuradamente, abriendo cada puerta que me encontraba, hasta que una se abrió delante de mí, y apareció una de las personas que iban encapuchados. Iba a girarme cuando, en un movimiento rápido, él, consiguió inyectarme una sustancia transparente en el brazo, que hizo que me debilitara, caí al suelo, intentaba mantener mi vista en un punto fijo, pero me era imposible, entonces el miedo se apoderó de mí…
¿Qué pasará luego? ¿Qué harán conmigo?

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Este es el antepenúltimo capítulo.  No, no me he equivocado, faltan dos capítulos. ;3 

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La mansión - Capitulo 26º



Capitulo 26º - La casa de las mil puertas.

Un escalofrío me recorrió entero. Miré hacia todos los lados, con la esperanza de que fuera mentira. De que ellos iban a salir gritando “es broma”
Pero después de todo lo que había pasado estos últimos días, todas las cosas espantosas que he tenido que presenciar, lo que estaba ocurriendo ahora, era tan real como lo demás. Avancé hacia la puerta, y vi las escaleras de madera bajando hacia las entrañas de esta casa. Bajé dos peldaños, no pude seguir avanzado porque el bombillo se había fundido, miré hacia atrás, esperando a que al menos una luz me amparase en el descenso y que el sentimiento de soledad no fuera tan fuerte. Pero era una estupidez. Seguí bajando lentamente por las escaleras, escuchando el sonido de la madera vieja chirriar bajo mí, por fin había descendido, al menos no me había pasado nada. Entonces la luz volvió a la habitación, (ya podía haberse encendido antes). Me giré para asegurarme que detrás de mí no había nadie. Si algo he aprendido estando en la mansión, es de no fiarme de nada ni de nadie.
Miré la puerta como yo la había dejado, entonces, empezó ha abrirse lentamente, una persona vestida con una tunica negra y larga con capucha, que me impedía ver su rostro. En su mano tenía un cuchillo, largo y afilado. Lo único que pensé fue si él había matado a mis amigos. Retrocedí asustado, mientras esa persona descendía lentamente las escaleras, por desgracia la pared detuvo mi tonto retroceso, y el largo cuchillo fue directo a rebanar mi piel, pero se quedó en un rasguño, comprendí que la segunda vez no tendría tanta suerte. Me desplacé rápidamente a la derecha, escabulléndome de un golpe mortal, corrí en la oscuridad, escuchando tras mí los rápidos pasos de él. Por desgracia el pasillo acabó, dando por finalizada la estúpida huida. Palpé sobre la superficie de madera, buscando desesperado el picaporte, pero por más que buscaba no lo conseguía hallarlo. Sentí el filo del cuchillo tocar mi piel y seccionarla dolorosamente. Por fin pude encontrar la manilla a tiempo y logré pasar al otro lado, cerrándola con llave tras mí. Me dejé caer en el suelo, agotado. Me di cuenta de que mi brazo sangraba, parece que esos dos golpes me habían hecho mucho más daño del que yo pensaba. Suspiré cansado, recostándome en la puerta, en aquel momento quise saber donde me encontraba y por desgracia había vuelto a la habitación donde desaparecieron mis amigos. Sí, la de las cuatro puertas en cada pared. Miré la puerta que estaba frente a mí, me aproximé a ella, iba a girar el picaporte, pero no me atrevía, no, ¿y si él estaba detrás? Y la pregunta más importante ¿qué quería? ¿Por qué quería matarme? Aunque si lo pensaba bien, últimamente todos querías eliminarme.
Me decanté por ir por la derecha, giré el picaporte muy despacio, sin hacer ruido y la abrí igual de lento, y ahí estaba él, con el cuchillo en la mano, esperándome. Me dejó totalmente estupefacto con su presencia, no pude hacer otra cosa que huir por la otra puerta, la abrí apurado y salí corriendo, volví ha ver otra puerta, ¿es que esto no acabaría nunca? Corrí lo más rápido que pude, pero él se acercaba a mí, sus pasos cada vez se escuchaban más cercanos. Abrí la puerta y corrí hacia la otra, pero no había podido avanzar más de dos pasos cuando me choqué con alguien, ¿quien era?
Solo pensé en uno de mis amigos, sí, seguro sería Georg. Miré hacia arriba y… no era él. Ese no era ninguno de ellos, él… Agarraron mi hombro y me voltearon hasta
encontrarme con los dos. Dos hombres vestidos iguales, con las largas túnicas negras, y con esos grandes cuchillos. Giré para salir corriendo por atrás. Al coger el picaporte este se abrió solo y salió otra persona. Intenté volver a escabullirme, entonces un golpe me alcanzó. Sentí su cuchillo clavarse en mi espalda y hundirse hasta lo más profundo, Caí al suelo dolorido por el golpe, con la mirada perdida en la oscuridad. Escuchaba sus pasos acercarse a mí. Vi sus botas negras, y en lo único que pensaba era en mí final. Dejó caer el cuchillo en el suelo y luego él y los otros me dejaron solo… en la oscuridad
Permanecí desangrándome, con la sola esperanza de que este dolor no durara mucho tiempo…



Un gruñido extraño me hizo recobrar el sentido. Abrí los ojos lentamente, para no ver más que una supuesta estancia oscura. Toqué la herida de mi espalda y solo encontré mi piel humedecida por la sangre, ¿estaba muerto?
Me apoyé sobre mis manos, y al hacer esto noté algo en el suelo, ¿el cuchillo? Lo cogí entre mis manos, y efectivamente era el cuchillo.
No estaba muerto, pero, ¿cómo era posible que no tuviera ni una sola herida?
Me puse en pie costosamente, y miré a mí alrededor. Vi en la oscuridad dos lucecita redondeadas y luminosas. ¿Qué era? Los gruñidos se escucharon más fuerte.
– ¿Quién hay ahí? – pregunté estúpidamente.
¿Enserio creía que alguien respondería? Seguí buscando con la mirada, las pequeñas lucecitas ya no estaban. El chirriar de una puerta me sobresaltó. Vi al otro extremo del pasillo la puerta abierta, era otra de esas habitaciones, a veces me preguntaba si no estaba haciendo otra cosa que dar vueltas, y chocarme siempre con lo mismo… un laberinto sin fin.
Un gruñido volvió a sobresaltarme, me giré a ver que era, y volví a encontrarme con esas lucecitas, pero más, muchas más.
– ¿¡Cómo es posible!? – dije sobresaltado. – Yo os vi morir.
El animal ladró, yo retrocedí un paso, mientras sacaba el cuchillo. Los cinco animales que en su día vi morir ahora estaban aquí, frente a mí, y no creía que me dejaran marcharme.

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Capítulo corto, muy corto. xD
Os explicaré: Llevo 8 días con dolor de cabeza, y no se me quita con nada, me dieron hora para el neurólogo... el lunes ¬¬ Bueno, me dieron pastillas fuertes, y no me hicieron una mierda. Con esto intento decir que me cuesta escribir y no paso más de dos horas en el ordenador U_U Intentaré escribir/subir lo antes que pueda :)

Lo siento Angy y Blenda, me leeré los capítulos cuando pueda =) lo jurooo >________<

A si, por favor como siempre pido comenten, que ya solo quedan un par de capítulos xD
cuatro para ser concretos. :3


jueves, 26 de agosto de 2010

La mansión - Capitulo 25º

Capitulo 25º - La casa abandonada.

Nos adentramos en la oscura y polvorienta casa. No había muebles, solo suciedad, paredes desconchadas y escombros.

– ¿A dónde nos dirigimos? – preguntó Bill.

– Vamos por allí. – dije señalando la derecha.

Seguimos nuestro camino a pasos cautelosos. Intentaba ver más entre la oscuridad, pero era inevitable que sin algo de luz no podríamos seguir avanzando.

– Bill, ¿tienes un mechero? – pregunté.

Él me dio su mechero, y gracias a eso pudimos iluminar el camino. Comenzamos a inspeccionar la primera planta. Una de las estancias, bautizada por mí como salón, no era más que un espacio vacío, lleno de polvo y escombros, no se conservaba nada de mobiliario. Seguimos por el pasillo hasta encontrar una habitación, otra vez vacía y polvorienta, no tardé en darme cuenta de que ahí no íbamos a encontrar nada.

– ¿Qué buscamos exactamente? – interrumpió Tom.

– No sé. – dije confuso.

Es cierto, ¿qué buscábamos? Acaso Andrew había especificado con claridad que hacíamos en esa casa.

Recorrimos la segunda planta, aunque más amueblada que toda la planta inferior, seguía siendo una casa de lo más destartalada. Y que me iba a esperar de una casa abandonada. Bajamos por una pequeña escalera hasta la plata inferior, y llegué a la conclusión de que aquí no hacíamos más que perder el tiempo.

– Será mejor que nos vayamos. Aquí no hacemos nada. – dije.

– Pero Andrew dijo que teníamos que venir aquí, y si lo dijo sería por algo. – dijo Bill malhumorado.

– ¿Y que piensas hacer? Quedarte aquí hasta que aparezca algo que no sabemos que es.

– Por supuesto. Y si se tratase de Béatrice.

Le miré dudoso, Béatrice, no había pensado en ella. Será posible que este aquí y yo no lo sepa.

– No, no lo creo, ella no está aquí.

– ¿Cómo lo sabes Gustav? – dijo Tom.

Todos me miraron desconfiados, y me preguntaba si acaso sabían algo de lo sucedido en mi habitación con las falsas Béatrice.

– ¿Por qué me miráis así? Solo creo que ella no está aquí. – dije serio.

– No, yo creo que si Andrew dijo que viniéramos sería por algo. – dijo Georg.

– Como queráis. – dije caminando un par de pasos alejándome de ellos. La madera crujió sonoramente bajo mis pies. Observé la madera apunto de desplomarse, y ocurrió lo inevitable. Los finos tablones de rompieron dejándome caer.

– ¿¡Gustav!? – dijo una voz.

Abrí los ojos lentamente, y vi el rostro de Bill.

– ¿Qué ha pasado? – pregunté confuso.

– El suelo se desplomó y ahora estamos en la parte subterránea de la casa.

– ¿Subterránea?

– Sí. – dijo Tom ayudando a levantarme.

– Menuda hostia me acabo de meter. – dije tocando mi cabeza. – ¿Qué es esto?

– Un sótano, ¿no? – dijo Georg.

Me acerqué a una puerta de madera destartalada y la abrí lentamente intentado no hacer ruido. Pero fue en vano, la puerta chirrió de una manera atroz.

– Chicos. – dije. – Esto no es un sótano.

Los tres se acercaron a mí. Y pudieron contemplar un largo pasillo con una puerta de madera al fondo. Pasamos al corredor, cerrando la puerta tras nosotros. Contemplé las paredes verdosas por el moho, el piso era igual de polvoriento como el de toda la casa, madera, sino de hormigón. El pasillo estaba iluminado por un único bombillo que parpadeaba, no pude evitar recordar el pasillo del hospital abandonado.

– ¿Lo abrimos? – dijo Tom en un susurro.

– Sí. – dije acercándome hasta alcanzar la manilla de la puerta.

– ¿Qué habrá detrás? – dijo Bill temeroso.

– Nunca lo sabremos si no entramos. – dije girando la manilla.

Accedimos a un pequeño cuarto, con tres puertas iguales, una en cada pared. Tenía un único bombillo, como en el pasillo, pero este parpadeaba mucho más. Cerré la puerta tras nosotros y nos quedamos contemplando embobados la extraña habitación.
– ¿Qué puerta abrimos primero? – preguntó Bill.
Observé las tres puertas, eran de lo más extrañas, simples puertas, pero extrañas. Tres puestas iguales que nos llevarían a un lugar diferente, y con un peligro tras ellas.
– ¿Y si retrocedemos? – sugerí.
– Este lugar me da escalofríos. – dijo Bill acercándose a la puerta.

Bill agarró la manilla y empezó a forcejearla.

– ¿Qué pasa Bill? – pregunté.
– No se abre. – dijo preocupado.
Los tres nos abalanzamos contra la puerta y empezamos a forcejearla, pero evidentemente estaba cerrada desde fuera.
– Chicos, os he confesado que me da pánico los lugares pequeños.

– No… – dijo Georg.
– Pues ya lo sabéis.
– Yo si lo sabía, le deje encerrado en el armario cuando teníamos diez años. Durante cinco minutos no paró de patalear y llorar.
Todos miramos a Tom de mala manera.
– Siempre es todo culpa tuya. – dijo Bill.

– No es…

Tom dejó de hablar, el bombillo empezó a hacer sonido raros y a parpadear de manera rápida, hasta que, se apagó. Durante un minuto y medio todo estuvo en silencio, entonces la luz volvió. Miré a los chicos, sobresaltado, y para mi sorpresa Bill no estaba.

– ¡Bill! ¿Dónde está Bill? – dijo Tom muy preocupado.
La luz volvió a irse, durante un periodo de tiempo menor al anterior, cuando volvió busqué con la mirada a los chicos, y para mi sorpresa, solo estábamos Georg y yo. Estaba asustado, depuse de todo lo que había pasado, esta era la primera vez que sentía miedo, mucho miedo, la sensación de que había algo aquí, algo, una persona, lo que sea, que no miraba y se reía al vernos sufrir por no saber donde se esconde. El bombillo empezó a parpadear de nuevo, esta vez era él o yo. Le miraba nervioso, el también me miraba, sabía que estaba tan asustado como yo. ¿Acaso este es el fin?
El bombillo se apagó dejándome en la oscura habitación, sentí un roce frío. Luego la luz

se encendió, yo estaba ahí quieto, pero ellos no.
– Georg. – susurré.
La puerta que estaba delante de mí se abrió dejándome ver unas escaleras que bajaban…


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Debo decir que creo que el final se alargará como dos capítulos más. =)

lunes, 23 de agosto de 2010

La mansión - Capitulo 24º


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Capitulo 24º - Béatrice y su colgante.

– Hay alguien que te reclama. – dijo Charles tan formal como siempre. Aunque pensé que Angélique los había despedido a todos. Al parecer a todos, ecepto a Charle. Si Angélique supiera que las cuatro sirvientas están muertas.
Vi la  gran puerta de la mansión abierta, me asomé a ver de quien se trataba, era Béatrice, ella estaba algo alejada, pensé por el calor que hacía hoy que haría sol, pero, al parecer en un par de horas las nubes habían oscurecido el día. La chica caminó hacia mí, y me miró.
– ¿Beatrice que haces aquí?  – pregunté.
– Tenemos que hablar. – dijo con voz  apagada.
La dejé pasar, ambos subimos hasta la habitación, que era el único lugar donde podríamos  hablar tranquilamente.
Cerré la puerta, ella se quitó la capucha negra y luego me miró seria.
– ¿Y el camafeo?
Un escalofrío me recorrió entero, no tenía ni idea de donde estaba.  Entonces recordé lo que pasó el otro día a la salida del hospital, cuando una Béatrice poseída, si se puede decir eso, me pidió ese colgante.
– ¿Para que quieres el collar?
– Es mío no tengo porqué darte explicaciones.
La miré desafiante, nunca antes, a acepción del primer día, ella me había hablado en ese tono.
– ¿Por qué quieres el camafeo?
– Te he dicho que es mío y no tengo que dar excusas para que me lo des.
– No pienso dártelo. A menos que me digas algo que solo sabemos tú y yo.
– Oh venga, te acabo de conocer, ¿qué clase de secretos compartiría contigo?
– Dímelo tú.
Ella estaba de espaldas a mí, realmente no sabía como descubrir si era o no Béatrice, entonces me fijé en la pequeña mesita que estaba al lado de la cama, ahí se encontraba el camafeo y lo único que deseaba ahora es que ella no se diera cuenta de que estaba a su alcance.
– Gustav, dame el collar. – repitió.
– No. – dije tajante.
Ella se volteó dejándome ver su inmaculado rostro, que dejaba de serlo lentamente hasta quedarse de un color gris, sus ojos desaparecían dejando las cuencas de sus ojos vacías y su piel se arrugada formando la  horrorosa cara de un ser que no pertenencia a este mundo.
– Gustav, te lo digo por última vez, dame el colgante.  – dijo con  voz áspera.
Veía como el cielo se oscurecía, dando la apariencia de que era de noche.
– No. – me negué. 
Ella se tiró sobre mí, cayendo los dos sobre la cama, puso sus horribles y arrugadas  manos en mi cuello, y lo apretó con fuerza, clavándome sus uñas y asfixiándome a la
 vez.  
– Dámelo. – gritó.
Ella apretó más mi cuello, si seguía así me mataría, aunque era preferible, después de todo las muertes que había causado estos días atrás.
Sus manos se fueron soltando lentamente de mi cuello, ella cayó a mi lado. Vi ante mí a la verdadera Béatrice.
Cogí aire, aparté el cuerpo de la falsa Béatrice de mí y me puse en pie costosamente.
– Béatrice. – gimoteé.  
– Gustav, ¿estás bien?
Observé su rostro dudoso, ¿era ella? Enserio podía  confiar en esa chica que tenía delante de mí.
– ¿Eres tú? ¿Tú de verdad? – dije tocando mi cuello. Cuando aparté mi mano, observé que estaba llena de sangre.
– Sí, será mejor que hagamos algo con ella.
Miré el cuerpo de la horrible mujer, ¿Qué rayos era eso? ¿Por qué otro extraño monstruo se había vuelto a entrometer en estos extraños sucesos?
Vi un objeto de metal clavado en el cráneo de esta.  Dirigí mi vista a Béatrice, que se mostraba algo preocupada.
– ¿Cómo has entrado? – pregunté desconfiado.
– Por la ventana. Lo sé, ¿por qué no utilicen la puerta?, es que supuse que así sería mejor, no quería ver a Angélique después de tanto tiempo. – dijo  tristemente, observando el suelo.
– Béatrice, perdóname, pero, comprende que después de que casi esta mujer, o lo que sea, intentara matarme,  no puedo creerte.
Béatrice sonrió levemente.
– Lo entiendo. Y por eso te demostraré que sí soy yo. – dijo acercándose lentamente a hacia mí. No sabía que intentaría, hasta que nuestros rostros estaban a escasos centímetros y sus labios y los míos por fin se juntaron, ella los separó levemente, pero luego volvió a juntarlos.  
Me reí por lo bajo, realmente no sé a que rayos venía esto ahora. Levanté la mirada para encontrarme con una risueña Béatrice. Observé el cadáver de aquella mujer, y saqué  con mucho trabajo la daga que estaba incrustada en su cabeza.  
– ¿De donde sacaste eso? – pregunté sonriendo.
– Que más da de donde lo sacara, lo importante es que te salvó la vida. – dijo ella.
Miré el arma, era de lo más sencilla, pero muy afilada, lo más curioso era un extraño símbolo de una estrella de cinco puntas en la empuñadura de metal.
Béatrice vino hacia mí, y me cogió de la mano, haciendo que me acercara a ella.
– Venga tonto. ¿Por qué no me besas? – susurrón a mi oído.
Le sonreí  y la besé tiernamente en la mejilla. Ella me miró suplicándome más.
Me acerqué mucho más de lo que estaba a ella, y rocé con mis labios los suyos, nuestros labios se enlazaron, fundiéndose en un calido beso. Empecé a notar el sabor de su sangre en mi boca, bien.  Saqué la daga, y la volví a propinar una buena estocada por encima del otro golpe.  Dejé que su cuerpo cayera en el suelo y se desangrara.  
– Gustav. – dijo Béatrice débilmente.
– ¿Qué? – dije moviendo a la cosa aquella de la cama.
– ¿Por qué? – gimió.
– ¿Aún sigues con la farsa? Tú ayer mismo me decías que estabas enamorada de Andrew.  Y ahora, lo que seas tú, porque es obvio que no eres Béatrice, quieres que me crea un cuento, para que te de el camafeo.
– ¿De que hablas Gustav? – dijo Béatrice.
– Por favor Béatrice. Sé que no eres tú, ni sé porque me molesto en llamarte Béatrice.
Saqué la daga en su estomago, halé su cabello dejándome ver su cuello descubierto.
– No sé como lo has hecho, pero has conseguido ser igual de perfecta que la verdadera Béatrice.
– Gustav, yo soy la verdadera Bé…
No la dejé terminar, solo hundí la daga lo más profundo que pude en su cuello, deshaciendo la carne que pasaba por la afilada arma, cortando su yugular mostrándome su sangre oscura que caía al suelo y por fin, acabé con su vida.
Dejé el cuerpo de la chica en el suelo, permitiendo que se desangrara. Caminé hasta la mesa y cogí el camafeo. Creo que estará mejor conmigo que perdido por esta habitación.
Me senté en la cama, ¿había echo bien verdad? Ella no era Béatrice. Sacudí de mi cabeza la idea de haber matado a  Béatrice. Ella estaba bien, lo único que debería de preocuparme ahora era donde esconder los cadáveres de estas dos.
La puerta se abrió de repente, lo que hizo que me sobresaltara.
– Gustav. – dijo un preocupado Tom. – ¿Qué has hecho?
– No, no es lo que piensas, no es ella. – dije intentado explicar lo sucedido.
– ¿Y quien es entonces? – dijo con un cierto grado de sospecha en su voz.
– Tom, no es Béatrice. Y lo sé perfectamente.
– Andrew, está abajo.
– ¿¡Cómo!? – dijo nervioso. – Andrew, ¿qué hace aquí?
– No lo sé. Pero creo que quiere verte.
Me levanté de la cama y casi corrí hasta llegar abajo. Salí fuera, y a mi derecha donde se encontraba los viñedos estaba Georg y Bill.
– Tom, ¿dónde está él? –  dije.  Pero comprendí que él se había quedado arriba.
Caminé hacia los viñedos y me puse al lado de Bill.
– ¿Qué ha pasado? – pregunté.
– Andrew ha estado aquí. – dijo Bill. – Dijo algo sobre una casa abandonada.
– ¿Qué casa? Aquí no hay casas abandonadas. – dije.
– Sí lo hay, dijo que teníamos que ir, o si no alguien morirá.
Permanecimos viendo los viñedos agitarse con el leve viento. Escuchamos unos pasos tras nosotros, cuando vimos a Tom corriendo hasta nosotros.
–  No están, los cuerpos no están. –  dijo agotado.
–  ¿Cómo? No están.
– Cuando entré a la habitación habían desaparecido.
Estuve meditando unos segundos, y la única solución, o al menos lo único que podía realizar ahora era ir a esa casa y hacerle caso a Andrew.
– Busquemos la casa abandonada.
Caminamos los cuatro hasta el coche, y vimos a mi padre con las llaves en la mano.
– ¿A dónde vas? – pregunté.
– Al pueblo, tengo que comprar comida. – dijo él.
Cogí la llave de su mano y se las di a Tom.
– Ya vamos nosotros.
– ¿Enserio? No te perderás como la otra vez.
– ¿Sabes de alguna casa abandonada? – dije pasando olímpicamente de lo que me dijo.
– No. – dijo extraño.
Todos estábamos dentro del coche, y comezón nuestro viaje por encontrar una casa abandonada, lo veía imposible, extraño, hasta que Andrew apareció en la carretera.
– Síguele. – dije.
Tom aceleró. Andrew apareció una segunda vez, guiándonos por otra carretera. Dejamos el coche aparcado no muy lejos de la carretera, ya que para llegar a la casa había que recorrer un pequeño camino terroso, nos situamos frente a la casa abandonada. Y vimos lo que sería la puerta principal, llena de ladrillos que bloqueaban la entrada.
– ¿Y ahora por donde entramos? – preguntó Bill.
Tom salió con un gran martillo y golpeó la fina capa de ladrillitos rojos derrumbándola. Todos le miramos sorprendimos.
– Hago pesas. Y, el martillo estaba detrás. – dijo Tom. Pero todos seguíamos
 asombrados. Terminamos de derrumbar la pared de ladrillos, y luego vimos el interior. Oscuro y lleno de polvo, ahí tendríamos que pasar las próximas horas, porque fuera lo que fuera algo malo, oscuro y tenebroso se escondía en esa casa.
– ¿Entramos? – dijo Georg.
… 

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Bien, este capitulo me ha costado bastante escribirlo. Lo veía raro. =S No sé díganme que les pareció =S

Falta un capitulo, y/o es muuy largo o lo divido en más cachos =S

viernes, 20 de agosto de 2010

La Mansión - Capitulo 23º



Capitulo 23º - ¿Quién es el malo?
Béatrice se separó de mí violentamente.
– Lo siento. – dijo ella.
La miré extrañado, esperando a que dijera algo.
– No quería hacer eso.
– ¿Y por qué lo has hecho? – pregunté.
– Yo… – dijo Béatrice mirando el suelo.
Ella se dio la vuelta y se alejó de mi unos pasos, sin aún darme una explicación, entonces se detuvo.
– Sigo enamorada de Andrew. – dijo antes de irse.
Miré como se alejaba, nunca más volveré a hacerme ilusiones. Caminé hacia la mansión, era lo único que podía hacer. La voz tétrica de los niños se coló nuevamente en mi cabeza “Tu corazón se romperá”
– ¿Enserio? – dije irónicamente en voz alta. Y Béatrice decía que todo era casualidad.
La niebla apareció dándole un aspecto tétrico a los viñedos.
– Gustav. – dijo una voz.
Me volteé sobresaltado, detrás de mí solo había niebla.
– Gustav. – volví ha escuchar. Lo que hizo que me volviera a girar aterrado. Una vez más no vi nada, solo niebla y ramas de los viñedos. Dije el nombre de la única persona que se me ocurrió.
– Béatrice.
– Gustav, acércate a mí. – dijo una voz que salía de entre la niebla. Y por fin vi algo de la persona que me llamada, una mano delgada, pálida y ensangrentada haciéndome señales para que me acercara.
– ¿Quién eres? – pregunté con temor.
– Sígueme Gustav. – dijo esa chica antes de salir corriendo.
La perseguí por los viñedos, intentando orientarme entre la niebla, oía su voz guiarme, pero eso era demasiado poco.
– Gustav. – fue lo último que escuché antes de aparecer en un bosque.
Estaba rodeado de árboles y un montón de arbustos, la niebla me rodeaba, pero no era tan densa como en los viñedos. La figura de una chica de cabellos rubios y largos hasta la cintura apareció de espaldas a mí.
– Gustav, tu tienes que ayudarla. – dijo la chica en un susurro.
– ¿A quien? – pregunté.
La chica desapareció, volviendo a dejarme solo en el bosque.
– A ella, Gustav. – susurró a mi oído. – Su vida es tan frágil. Tienes que protegerla. – Volvió ha susurrar.
Me mantuve callado, esperando a que dijera algo. Pero no dijo nada. Entonces vi como delante de mí aparecía Béatrice de la nada.
– Béatrice. – murmuré.
Ella me sonrió, entonces, su cuello empezó a abrirse y la sangre empezó a fluir de la gran herida. Miré tristemente como ella caía al suelo con una profunda y amplia cortada en su cuello.
– Béatrice. – dije dolido.
Ella terminó por desaparecer en una nube de polvo. Entonces la chica de cabellos rubios volvió a aparecer, una vez más de espaldas a mí.
– ¿Qué le has hecho? – dije con un nudo en la garganta.
– Yo nada, pero esto será lo que ocurrirá si tú no lo impides.
Permanecí en silencio, ahora sabía que ella estaba en peligro y que esta persona que aún desconocía me estaba advirtiendo de ello.
– Adeline. – dije acercándome a la chica.
– Sí, Gustav. – dijo ella.
– ¿Por qué haces todo esto?
– No quiero que muera aún, es joven, además de todos los sentimientos que me unen a ella.
– Adeline. – dije. – Siento curiosidad de saber como eres.
Escuché una pequeña risita.
– ¿Estas seguro?
– Sí.
Ella empezó a voltearse lentamente, hasta quedarse en frente a mí. Solté todo el aire de golpe, y miré su rostro. Un escalofrío me recorrió entero.
– Antes era mucho más hermosa.
– Bueno, ya me lo imagino. – dije bajando la mirada. – ¿Quién te hizo eso?
No pude evitar no sentir otro escalofrío, su rostro estaba totalmente deforme. Podía ver sus huesos desde la mejilla hasta el final del cuello con restos de sangre, daba miedo, ver como se movían lo que quedaba de sus labios. Elevé la vista a sus ojos, tendría unos hermosos ojos grises si no fuera porque la piel de su lado izquierdo estuviera rasgada y veía todo sus músculos y tendones, además de pequeñas partes de su cráneo.
– Gustav, me debo marchar. – dijo dando la vuelta y marchándose.
– Adiós Adeline. – dije tristemente.
– Yo que tu me iría ¿sabes? Esos perros te tienen mucho rencor guardado.
– Están muertos. – dije.
– Son perros demonio, nunca mueren. – dijo marchándose.
Entonces un aullido feroz me sobresaltó, en la oscuridad del bosque veía sus ojos luminosos acompañados de un gruñidos, el animal se lanzó sobre mí dejándome totalmente tirado en el suelo, entonces desperté.
– Gustav, buenos días. – dijo Bill sonriéndome.
– ¿Ehh? Todo ha sido un sueño.
– Por eso pegabas patadas como un burro y no parabas de sudar como un cerdo. – dijo Tom.
– Creo que sí. – respondí irónico.
– Oh, ya pensaba que me tenías coraje. – dijo Georg. Este tenía una bolsita con hielo en la mano, y apoyaba dicha bolsa en su ojo derecho. Luego apartó la bolsa y nos dejó ver su ojo hinchado y de color violeta.
– Perdón. – respondí.
– Gustav, ¿se puede saber por qué tienes un peluche? – preguntó Tom.
– Oh, el oso de Mailen. – lo cogí y lo observé durante unos segundos, Rose.
Dejé el peluche en su sitio y pasé a vestirme y asearme.
– Rose. – dije bajando las escaleras.
– Creo que esto te pertenece más a ti que a mí.
Rose sostuvo el peluche y lo miró.
– ¿Cómo tienes tu esto? Le pertenecía a mi hermana pequeña. Mailen
Yo me quedé callado. No sabía que responderle.
– ¿Qué le paso a su hermana? – pregunté.
– Fue ha ce mucho tiempo, yo tenía diez años y…
– Pues si que fue hace mucho. – dijo Tom.
Todos le miramos mal. Rose carraspeó y continuó.
– Mi hermana pequeña Mailen, tenía siete años cuando murió de una enfermedad. La enterramos con su osito de peluches. Pero no sé como lo tienes tú. – dijo mirándome dudosa.
– Bueno… seguro que ella querría que lo tendrías. – dije caminando hacia mis amigos.
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En fin, que decir... faltan dos capítulos para que termine.

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