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jueves, 26 de agosto de 2010

La mansión - Capitulo 25º

Capitulo 25º - La casa abandonada.

Nos adentramos en la oscura y polvorienta casa. No había muebles, solo suciedad, paredes desconchadas y escombros.

– ¿A dónde nos dirigimos? – preguntó Bill.

– Vamos por allí. – dije señalando la derecha.

Seguimos nuestro camino a pasos cautelosos. Intentaba ver más entre la oscuridad, pero era inevitable que sin algo de luz no podríamos seguir avanzando.

– Bill, ¿tienes un mechero? – pregunté.

Él me dio su mechero, y gracias a eso pudimos iluminar el camino. Comenzamos a inspeccionar la primera planta. Una de las estancias, bautizada por mí como salón, no era más que un espacio vacío, lleno de polvo y escombros, no se conservaba nada de mobiliario. Seguimos por el pasillo hasta encontrar una habitación, otra vez vacía y polvorienta, no tardé en darme cuenta de que ahí no íbamos a encontrar nada.

– ¿Qué buscamos exactamente? – interrumpió Tom.

– No sé. – dije confuso.

Es cierto, ¿qué buscábamos? Acaso Andrew había especificado con claridad que hacíamos en esa casa.

Recorrimos la segunda planta, aunque más amueblada que toda la planta inferior, seguía siendo una casa de lo más destartalada. Y que me iba a esperar de una casa abandonada. Bajamos por una pequeña escalera hasta la plata inferior, y llegué a la conclusión de que aquí no hacíamos más que perder el tiempo.

– Será mejor que nos vayamos. Aquí no hacemos nada. – dije.

– Pero Andrew dijo que teníamos que venir aquí, y si lo dijo sería por algo. – dijo Bill malhumorado.

– ¿Y que piensas hacer? Quedarte aquí hasta que aparezca algo que no sabemos que es.

– Por supuesto. Y si se tratase de Béatrice.

Le miré dudoso, Béatrice, no había pensado en ella. Será posible que este aquí y yo no lo sepa.

– No, no lo creo, ella no está aquí.

– ¿Cómo lo sabes Gustav? – dijo Tom.

Todos me miraron desconfiados, y me preguntaba si acaso sabían algo de lo sucedido en mi habitación con las falsas Béatrice.

– ¿Por qué me miráis así? Solo creo que ella no está aquí. – dije serio.

– No, yo creo que si Andrew dijo que viniéramos sería por algo. – dijo Georg.

– Como queráis. – dije caminando un par de pasos alejándome de ellos. La madera crujió sonoramente bajo mis pies. Observé la madera apunto de desplomarse, y ocurrió lo inevitable. Los finos tablones de rompieron dejándome caer.

– ¿¡Gustav!? – dijo una voz.

Abrí los ojos lentamente, y vi el rostro de Bill.

– ¿Qué ha pasado? – pregunté confuso.

– El suelo se desplomó y ahora estamos en la parte subterránea de la casa.

– ¿Subterránea?

– Sí. – dijo Tom ayudando a levantarme.

– Menuda hostia me acabo de meter. – dije tocando mi cabeza. – ¿Qué es esto?

– Un sótano, ¿no? – dijo Georg.

Me acerqué a una puerta de madera destartalada y la abrí lentamente intentado no hacer ruido. Pero fue en vano, la puerta chirrió de una manera atroz.

– Chicos. – dije. – Esto no es un sótano.

Los tres se acercaron a mí. Y pudieron contemplar un largo pasillo con una puerta de madera al fondo. Pasamos al corredor, cerrando la puerta tras nosotros. Contemplé las paredes verdosas por el moho, el piso era igual de polvoriento como el de toda la casa, madera, sino de hormigón. El pasillo estaba iluminado por un único bombillo que parpadeaba, no pude evitar recordar el pasillo del hospital abandonado.

– ¿Lo abrimos? – dijo Tom en un susurro.

– Sí. – dije acercándome hasta alcanzar la manilla de la puerta.

– ¿Qué habrá detrás? – dijo Bill temeroso.

– Nunca lo sabremos si no entramos. – dije girando la manilla.

Accedimos a un pequeño cuarto, con tres puertas iguales, una en cada pared. Tenía un único bombillo, como en el pasillo, pero este parpadeaba mucho más. Cerré la puerta tras nosotros y nos quedamos contemplando embobados la extraña habitación.
– ¿Qué puerta abrimos primero? – preguntó Bill.
Observé las tres puertas, eran de lo más extrañas, simples puertas, pero extrañas. Tres puestas iguales que nos llevarían a un lugar diferente, y con un peligro tras ellas.
– ¿Y si retrocedemos? – sugerí.
– Este lugar me da escalofríos. – dijo Bill acercándose a la puerta.

Bill agarró la manilla y empezó a forcejearla.

– ¿Qué pasa Bill? – pregunté.
– No se abre. – dijo preocupado.
Los tres nos abalanzamos contra la puerta y empezamos a forcejearla, pero evidentemente estaba cerrada desde fuera.
– Chicos, os he confesado que me da pánico los lugares pequeños.

– No… – dijo Georg.
– Pues ya lo sabéis.
– Yo si lo sabía, le deje encerrado en el armario cuando teníamos diez años. Durante cinco minutos no paró de patalear y llorar.
Todos miramos a Tom de mala manera.
– Siempre es todo culpa tuya. – dijo Bill.

– No es…

Tom dejó de hablar, el bombillo empezó a hacer sonido raros y a parpadear de manera rápida, hasta que, se apagó. Durante un minuto y medio todo estuvo en silencio, entonces la luz volvió. Miré a los chicos, sobresaltado, y para mi sorpresa Bill no estaba.

– ¡Bill! ¿Dónde está Bill? – dijo Tom muy preocupado.
La luz volvió a irse, durante un periodo de tiempo menor al anterior, cuando volvió busqué con la mirada a los chicos, y para mi sorpresa, solo estábamos Georg y yo. Estaba asustado, depuse de todo lo que había pasado, esta era la primera vez que sentía miedo, mucho miedo, la sensación de que había algo aquí, algo, una persona, lo que sea, que no miraba y se reía al vernos sufrir por no saber donde se esconde. El bombillo empezó a parpadear de nuevo, esta vez era él o yo. Le miraba nervioso, el también me miraba, sabía que estaba tan asustado como yo. ¿Acaso este es el fin?
El bombillo se apagó dejándome en la oscura habitación, sentí un roce frío. Luego la luz

se encendió, yo estaba ahí quieto, pero ellos no.
– Georg. – susurré.
La puerta que estaba delante de mí se abrió dejándome ver unas escaleras que bajaban…


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Debo decir que creo que el final se alargará como dos capítulos más. =)

lunes, 23 de agosto de 2010

La mansión - Capitulo 24º


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Capitulo 24º - Béatrice y su colgante.

– Hay alguien que te reclama. – dijo Charles tan formal como siempre. Aunque pensé que Angélique los había despedido a todos. Al parecer a todos, ecepto a Charle. Si Angélique supiera que las cuatro sirvientas están muertas.
Vi la  gran puerta de la mansión abierta, me asomé a ver de quien se trataba, era Béatrice, ella estaba algo alejada, pensé por el calor que hacía hoy que haría sol, pero, al parecer en un par de horas las nubes habían oscurecido el día. La chica caminó hacia mí, y me miró.
– ¿Beatrice que haces aquí?  – pregunté.
– Tenemos que hablar. – dijo con voz  apagada.
La dejé pasar, ambos subimos hasta la habitación, que era el único lugar donde podríamos  hablar tranquilamente.
Cerré la puerta, ella se quitó la capucha negra y luego me miró seria.
– ¿Y el camafeo?
Un escalofrío me recorrió entero, no tenía ni idea de donde estaba.  Entonces recordé lo que pasó el otro día a la salida del hospital, cuando una Béatrice poseída, si se puede decir eso, me pidió ese colgante.
– ¿Para que quieres el collar?
– Es mío no tengo porqué darte explicaciones.
La miré desafiante, nunca antes, a acepción del primer día, ella me había hablado en ese tono.
– ¿Por qué quieres el camafeo?
– Te he dicho que es mío y no tengo que dar excusas para que me lo des.
– No pienso dártelo. A menos que me digas algo que solo sabemos tú y yo.
– Oh venga, te acabo de conocer, ¿qué clase de secretos compartiría contigo?
– Dímelo tú.
Ella estaba de espaldas a mí, realmente no sabía como descubrir si era o no Béatrice, entonces me fijé en la pequeña mesita que estaba al lado de la cama, ahí se encontraba el camafeo y lo único que deseaba ahora es que ella no se diera cuenta de que estaba a su alcance.
– Gustav, dame el collar. – repitió.
– No. – dije tajante.
Ella se volteó dejándome ver su inmaculado rostro, que dejaba de serlo lentamente hasta quedarse de un color gris, sus ojos desaparecían dejando las cuencas de sus ojos vacías y su piel se arrugada formando la  horrorosa cara de un ser que no pertenencia a este mundo.
– Gustav, te lo digo por última vez, dame el colgante.  – dijo con  voz áspera.
Veía como el cielo se oscurecía, dando la apariencia de que era de noche.
– No. – me negué. 
Ella se tiró sobre mí, cayendo los dos sobre la cama, puso sus horribles y arrugadas  manos en mi cuello, y lo apretó con fuerza, clavándome sus uñas y asfixiándome a la
 vez.  
– Dámelo. – gritó.
Ella apretó más mi cuello, si seguía así me mataría, aunque era preferible, después de todo las muertes que había causado estos días atrás.
Sus manos se fueron soltando lentamente de mi cuello, ella cayó a mi lado. Vi ante mí a la verdadera Béatrice.
Cogí aire, aparté el cuerpo de la falsa Béatrice de mí y me puse en pie costosamente.
– Béatrice. – gimoteé.  
– Gustav, ¿estás bien?
Observé su rostro dudoso, ¿era ella? Enserio podía  confiar en esa chica que tenía delante de mí.
– ¿Eres tú? ¿Tú de verdad? – dije tocando mi cuello. Cuando aparté mi mano, observé que estaba llena de sangre.
– Sí, será mejor que hagamos algo con ella.
Miré el cuerpo de la horrible mujer, ¿Qué rayos era eso? ¿Por qué otro extraño monstruo se había vuelto a entrometer en estos extraños sucesos?
Vi un objeto de metal clavado en el cráneo de esta.  Dirigí mi vista a Béatrice, que se mostraba algo preocupada.
– ¿Cómo has entrado? – pregunté desconfiado.
– Por la ventana. Lo sé, ¿por qué no utilicen la puerta?, es que supuse que así sería mejor, no quería ver a Angélique después de tanto tiempo. – dijo  tristemente, observando el suelo.
– Béatrice, perdóname, pero, comprende que después de que casi esta mujer, o lo que sea, intentara matarme,  no puedo creerte.
Béatrice sonrió levemente.
– Lo entiendo. Y por eso te demostraré que sí soy yo. – dijo acercándose lentamente a hacia mí. No sabía que intentaría, hasta que nuestros rostros estaban a escasos centímetros y sus labios y los míos por fin se juntaron, ella los separó levemente, pero luego volvió a juntarlos.  
Me reí por lo bajo, realmente no sé a que rayos venía esto ahora. Levanté la mirada para encontrarme con una risueña Béatrice. Observé el cadáver de aquella mujer, y saqué  con mucho trabajo la daga que estaba incrustada en su cabeza.  
– ¿De donde sacaste eso? – pregunté sonriendo.
– Que más da de donde lo sacara, lo importante es que te salvó la vida. – dijo ella.
Miré el arma, era de lo más sencilla, pero muy afilada, lo más curioso era un extraño símbolo de una estrella de cinco puntas en la empuñadura de metal.
Béatrice vino hacia mí, y me cogió de la mano, haciendo que me acercara a ella.
– Venga tonto. ¿Por qué no me besas? – susurrón a mi oído.
Le sonreí  y la besé tiernamente en la mejilla. Ella me miró suplicándome más.
Me acerqué mucho más de lo que estaba a ella, y rocé con mis labios los suyos, nuestros labios se enlazaron, fundiéndose en un calido beso. Empecé a notar el sabor de su sangre en mi boca, bien.  Saqué la daga, y la volví a propinar una buena estocada por encima del otro golpe.  Dejé que su cuerpo cayera en el suelo y se desangrara.  
– Gustav. – dijo Béatrice débilmente.
– ¿Qué? – dije moviendo a la cosa aquella de la cama.
– ¿Por qué? – gimió.
– ¿Aún sigues con la farsa? Tú ayer mismo me decías que estabas enamorada de Andrew.  Y ahora, lo que seas tú, porque es obvio que no eres Béatrice, quieres que me crea un cuento, para que te de el camafeo.
– ¿De que hablas Gustav? – dijo Béatrice.
– Por favor Béatrice. Sé que no eres tú, ni sé porque me molesto en llamarte Béatrice.
Saqué la daga en su estomago, halé su cabello dejándome ver su cuello descubierto.
– No sé como lo has hecho, pero has conseguido ser igual de perfecta que la verdadera Béatrice.
– Gustav, yo soy la verdadera Bé…
No la dejé terminar, solo hundí la daga lo más profundo que pude en su cuello, deshaciendo la carne que pasaba por la afilada arma, cortando su yugular mostrándome su sangre oscura que caía al suelo y por fin, acabé con su vida.
Dejé el cuerpo de la chica en el suelo, permitiendo que se desangrara. Caminé hasta la mesa y cogí el camafeo. Creo que estará mejor conmigo que perdido por esta habitación.
Me senté en la cama, ¿había echo bien verdad? Ella no era Béatrice. Sacudí de mi cabeza la idea de haber matado a  Béatrice. Ella estaba bien, lo único que debería de preocuparme ahora era donde esconder los cadáveres de estas dos.
La puerta se abrió de repente, lo que hizo que me sobresaltara.
– Gustav. – dijo un preocupado Tom. – ¿Qué has hecho?
– No, no es lo que piensas, no es ella. – dije intentado explicar lo sucedido.
– ¿Y quien es entonces? – dijo con un cierto grado de sospecha en su voz.
– Tom, no es Béatrice. Y lo sé perfectamente.
– Andrew, está abajo.
– ¿¡Cómo!? – dijo nervioso. – Andrew, ¿qué hace aquí?
– No lo sé. Pero creo que quiere verte.
Me levanté de la cama y casi corrí hasta llegar abajo. Salí fuera, y a mi derecha donde se encontraba los viñedos estaba Georg y Bill.
– Tom, ¿dónde está él? –  dije.  Pero comprendí que él se había quedado arriba.
Caminé hacia los viñedos y me puse al lado de Bill.
– ¿Qué ha pasado? – pregunté.
– Andrew ha estado aquí. – dijo Bill. – Dijo algo sobre una casa abandonada.
– ¿Qué casa? Aquí no hay casas abandonadas. – dije.
– Sí lo hay, dijo que teníamos que ir, o si no alguien morirá.
Permanecimos viendo los viñedos agitarse con el leve viento. Escuchamos unos pasos tras nosotros, cuando vimos a Tom corriendo hasta nosotros.
–  No están, los cuerpos no están. –  dijo agotado.
–  ¿Cómo? No están.
– Cuando entré a la habitación habían desaparecido.
Estuve meditando unos segundos, y la única solución, o al menos lo único que podía realizar ahora era ir a esa casa y hacerle caso a Andrew.
– Busquemos la casa abandonada.
Caminamos los cuatro hasta el coche, y vimos a mi padre con las llaves en la mano.
– ¿A dónde vas? – pregunté.
– Al pueblo, tengo que comprar comida. – dijo él.
Cogí la llave de su mano y se las di a Tom.
– Ya vamos nosotros.
– ¿Enserio? No te perderás como la otra vez.
– ¿Sabes de alguna casa abandonada? – dije pasando olímpicamente de lo que me dijo.
– No. – dijo extraño.
Todos estábamos dentro del coche, y comezón nuestro viaje por encontrar una casa abandonada, lo veía imposible, extraño, hasta que Andrew apareció en la carretera.
– Síguele. – dije.
Tom aceleró. Andrew apareció una segunda vez, guiándonos por otra carretera. Dejamos el coche aparcado no muy lejos de la carretera, ya que para llegar a la casa había que recorrer un pequeño camino terroso, nos situamos frente a la casa abandonada. Y vimos lo que sería la puerta principal, llena de ladrillos que bloqueaban la entrada.
– ¿Y ahora por donde entramos? – preguntó Bill.
Tom salió con un gran martillo y golpeó la fina capa de ladrillitos rojos derrumbándola. Todos le miramos sorprendimos.
– Hago pesas. Y, el martillo estaba detrás. – dijo Tom. Pero todos seguíamos
 asombrados. Terminamos de derrumbar la pared de ladrillos, y luego vimos el interior. Oscuro y lleno de polvo, ahí tendríamos que pasar las próximas horas, porque fuera lo que fuera algo malo, oscuro y tenebroso se escondía en esa casa.
– ¿Entramos? – dijo Georg.
… 

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Bien, este capitulo me ha costado bastante escribirlo. Lo veía raro. =S No sé díganme que les pareció =S

Falta un capitulo, y/o es muuy largo o lo divido en más cachos =S

viernes, 20 de agosto de 2010

La Mansión - Capitulo 23º



Capitulo 23º - ¿Quién es el malo?
Béatrice se separó de mí violentamente.
– Lo siento. – dijo ella.
La miré extrañado, esperando a que dijera algo.
– No quería hacer eso.
– ¿Y por qué lo has hecho? – pregunté.
– Yo… – dijo Béatrice mirando el suelo.
Ella se dio la vuelta y se alejó de mi unos pasos, sin aún darme una explicación, entonces se detuvo.
– Sigo enamorada de Andrew. – dijo antes de irse.
Miré como se alejaba, nunca más volveré a hacerme ilusiones. Caminé hacia la mansión, era lo único que podía hacer. La voz tétrica de los niños se coló nuevamente en mi cabeza “Tu corazón se romperá”
– ¿Enserio? – dije irónicamente en voz alta. Y Béatrice decía que todo era casualidad.
La niebla apareció dándole un aspecto tétrico a los viñedos.
– Gustav. – dijo una voz.
Me volteé sobresaltado, detrás de mí solo había niebla.
– Gustav. – volví ha escuchar. Lo que hizo que me volviera a girar aterrado. Una vez más no vi nada, solo niebla y ramas de los viñedos. Dije el nombre de la única persona que se me ocurrió.
– Béatrice.
– Gustav, acércate a mí. – dijo una voz que salía de entre la niebla. Y por fin vi algo de la persona que me llamada, una mano delgada, pálida y ensangrentada haciéndome señales para que me acercara.
– ¿Quién eres? – pregunté con temor.
– Sígueme Gustav. – dijo esa chica antes de salir corriendo.
La perseguí por los viñedos, intentando orientarme entre la niebla, oía su voz guiarme, pero eso era demasiado poco.
– Gustav. – fue lo último que escuché antes de aparecer en un bosque.
Estaba rodeado de árboles y un montón de arbustos, la niebla me rodeaba, pero no era tan densa como en los viñedos. La figura de una chica de cabellos rubios y largos hasta la cintura apareció de espaldas a mí.
– Gustav, tu tienes que ayudarla. – dijo la chica en un susurro.
– ¿A quien? – pregunté.
La chica desapareció, volviendo a dejarme solo en el bosque.
– A ella, Gustav. – susurró a mi oído. – Su vida es tan frágil. Tienes que protegerla. – Volvió ha susurrar.
Me mantuve callado, esperando a que dijera algo. Pero no dijo nada. Entonces vi como delante de mí aparecía Béatrice de la nada.
– Béatrice. – murmuré.
Ella me sonrió, entonces, su cuello empezó a abrirse y la sangre empezó a fluir de la gran herida. Miré tristemente como ella caía al suelo con una profunda y amplia cortada en su cuello.
– Béatrice. – dije dolido.
Ella terminó por desaparecer en una nube de polvo. Entonces la chica de cabellos rubios volvió a aparecer, una vez más de espaldas a mí.
– ¿Qué le has hecho? – dije con un nudo en la garganta.
– Yo nada, pero esto será lo que ocurrirá si tú no lo impides.
Permanecí en silencio, ahora sabía que ella estaba en peligro y que esta persona que aún desconocía me estaba advirtiendo de ello.
– Adeline. – dije acercándome a la chica.
– Sí, Gustav. – dijo ella.
– ¿Por qué haces todo esto?
– No quiero que muera aún, es joven, además de todos los sentimientos que me unen a ella.
– Adeline. – dije. – Siento curiosidad de saber como eres.
Escuché una pequeña risita.
– ¿Estas seguro?
– Sí.
Ella empezó a voltearse lentamente, hasta quedarse en frente a mí. Solté todo el aire de golpe, y miré su rostro. Un escalofrío me recorrió entero.
– Antes era mucho más hermosa.
– Bueno, ya me lo imagino. – dije bajando la mirada. – ¿Quién te hizo eso?
No pude evitar no sentir otro escalofrío, su rostro estaba totalmente deforme. Podía ver sus huesos desde la mejilla hasta el final del cuello con restos de sangre, daba miedo, ver como se movían lo que quedaba de sus labios. Elevé la vista a sus ojos, tendría unos hermosos ojos grises si no fuera porque la piel de su lado izquierdo estuviera rasgada y veía todo sus músculos y tendones, además de pequeñas partes de su cráneo.
– Gustav, me debo marchar. – dijo dando la vuelta y marchándose.
– Adiós Adeline. – dije tristemente.
– Yo que tu me iría ¿sabes? Esos perros te tienen mucho rencor guardado.
– Están muertos. – dije.
– Son perros demonio, nunca mueren. – dijo marchándose.
Entonces un aullido feroz me sobresaltó, en la oscuridad del bosque veía sus ojos luminosos acompañados de un gruñidos, el animal se lanzó sobre mí dejándome totalmente tirado en el suelo, entonces desperté.
– Gustav, buenos días. – dijo Bill sonriéndome.
– ¿Ehh? Todo ha sido un sueño.
– Por eso pegabas patadas como un burro y no parabas de sudar como un cerdo. – dijo Tom.
– Creo que sí. – respondí irónico.
– Oh, ya pensaba que me tenías coraje. – dijo Georg. Este tenía una bolsita con hielo en la mano, y apoyaba dicha bolsa en su ojo derecho. Luego apartó la bolsa y nos dejó ver su ojo hinchado y de color violeta.
– Perdón. – respondí.
– Gustav, ¿se puede saber por qué tienes un peluche? – preguntó Tom.
– Oh, el oso de Mailen. – lo cogí y lo observé durante unos segundos, Rose.
Dejé el peluche en su sitio y pasé a vestirme y asearme.
– Rose. – dije bajando las escaleras.
– Creo que esto te pertenece más a ti que a mí.
Rose sostuvo el peluche y lo miró.
– ¿Cómo tienes tu esto? Le pertenecía a mi hermana pequeña. Mailen
Yo me quedé callado. No sabía que responderle.
– ¿Qué le paso a su hermana? – pregunté.
– Fue ha ce mucho tiempo, yo tenía diez años y…
– Pues si que fue hace mucho. – dijo Tom.
Todos le miramos mal. Rose carraspeó y continuó.
– Mi hermana pequeña Mailen, tenía siete años cuando murió de una enfermedad. La enterramos con su osito de peluches. Pero no sé como lo tienes tú. – dijo mirándome dudosa.
– Bueno… seguro que ella querría que lo tendrías. – dije caminando hacia mis amigos.
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En fin, que decir... faltan dos capítulos para que termine.

miércoles, 18 de agosto de 2010

La mansión - Capitulo 22º


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Capitulo 22º - Medianoche.

Escuché uno pasos acercarse a mí, seguro sería uno de los chicos, me giré para encontrarme con una calida mirada familiar. Pero en vez de esto me encontré con otra cosa mucho peor.
– Supongo que tú serás mi cuarta desgracia. – dije  tristemente, mirando un machete afilado.
Él no dijo nada, bueno, que iba ha decir, no era más que otro feo monstruo del que tendría que huir.
– Reconozco que eres el más original y a la vez escalofriante. – dije mirando sus ojos de botón.
Apretó la mano y dio un paso adelante, yo me puse en pie  y le miré.
– Me mataras ya o esperarás a que empiece a correr. Porque estoy hablando contigo, ni si quiera tienes boca. Eres un tétrico espantapájaros, ¿qué iba a esperar de ti?
Me volvía a ver huyendo entre un motón de maíz, con este tipo detrás de mí. Realmente no quería saber la poca posibilidad que tenía de salir  de aquí con vida.  Miré al muñeco este levantó el  machete y caminó hacia mí lentamente. Normal, con toda esa paja de la que estaba relleno tiene que ser de lo más complicado moverse, al menos ya se que tiene  un punto débil. Ya estaba a menos de un metro de mí, levantó el cuchillo y lo opuso en mi garganta, hice la cabeza hacia atrás, dejándole una posición mejor para que me degollara.
– Venga, hazlo ya. – pronuncié mis últimas palabras.
Su machete por fin empezó a desgarrar mi piel, apenas el arma se había incrustado en mi cuello, miré el cielo, en el que se podía apreciar algunas estrellas sobre el cielo casi oscuro.  Cerré los ojos con fuerzas, y esperé a que la muerte viniera a mí.
El cuchillo cortó mi piel, pero no fue más que una simple cortada de apenas unos milímetros, y no comprendí el porqué hasta que abrí mis ojos  y vi a Béatrice sobre el espantapájaros forcejeando con este para hacerse con el machete.
– Béatrice, ¿qué haces?
– Salvarte la vida. – Respondió.
La cogí de la cintura y la alejé del espantapájaros.
– Yo he querido esto. Ves esos cadáveres, ha sido todo culpa mía.
–  Te he dicho que es solo por esa maldición. – dijo ella.
Saqué el papel y se lo dí, ella lo leyó y luego me miró apenada.
– Son fantasmas, ellos son así.
– Es culpa mía. De todas formas estoy harto de todo esto.
Béatrice me pegó una bofetada y me miró con los ojos llorosos. Entones empezó ha decirme un motón de cosas en francés, supongo que me estaría insultando.
– Béatrice, está bien.  Deja de decirme cosas en Frances.
Miré al espantapájaros que aun no se había levantado del suelo. Que triste me pareció. Entonces de la nada salio Bill con un palo y gritando como un loco.
– ¿Bill? – dije extrañado.
Este al ver el espantapájaros con un machete tiró el palo al suelo y salio gritando despavorido.
– Es tan adorable. – dijo Béatrice.
– Pues sí.
El espantapájaros se puso en pie, de una forma un tanto extraña, giró la cabeza hacia nosotros y nos miró.
– Creo que será mejor que corramos. – dijo Béatrice retrocediendo con temor.
Él dio un paso adelante y no supe hacer otra cosa que agarrar la muñeca de Béatrice y
correr. Su machete afilado destrozaba la cosecha a su paso, yo tiraba de Béatrice. Era lo único que podía hacer, sin armas y con esa cosa detrás de nosotros. Era imposible hacer algo. Sentí como el machete perforaba levemente mi piel, rasguñándola. Giré mi cabeza y el machete estuvo a punto de quitarme la cabeza sino llega ser porque me agaché a tiempo.  Béatrice tiró de mi mano y cambiamos de dirección a tiempo. Vi la granja de los Cloud y lo único que pensé fue en un sin fin de  instrumentos para la labranza.
Béatrice me siguió hasta allí, yo busqué con la mirada algo de metal y afilado.
– Gustav. – dijo una temerosa Béatrice.
Empecé a rebuscar por la granja, y lo vi, una perfecta hoz para degollar a esa cosa, cogí el arma y fui en busca del espantapájaros maligno.  Lo miré desafiante, él tenía en su poder a Béatrice cogida por el cuello. Dude durante unos segundos, que iba ha hacer, arriesgarme a matarle para que luego la victima fuese ella. La cabeza del espantapájaros cayó al suelo, cosa que me dejó muy perturbado. Béatrice fue corriendo hacia mí, el espantapájaros siguió moviéndose intentando encontrar su cabeza, hasta que se tropezó con ella y cayó al suelo.
– Já ¿¿quien es el mejor ahora??  ¿¿Eh?? – gritó Bill con un palo en la mano.
– Bill, nos has salvado. – dijo Béatrice.
– Já Já soy mejor que este estúpido espantapájaros. – dijo Bill.
Este de repente se volvió a levantar con el machete el la mano y a punto de atravesar a Bill. Movió el brazo para coger impulso y clavárselo en el costado, estaba atónito, no sabía que hacer, miré el arma que tenía en la mano y lo único que hice fue lanzarla con toda mis fuerzas con la esperanza de darle… pero no fue así, el arma solo se clavó en su pecho. Vaya estupidez, pero si está echo de paja.
– ¡¡¡Bill!!!  – gritó Béatrice.
Él miró hacia Béatrice, esta seguía haciéndole señales para que huyera. Bill se giró y vio al espantapájaros, todos presenciamos como le salía  un líquido oscuro de donde había dado la hoz.
– ¿Pero que…?  – dijo Bill.
– ¿Estaba vivo? – dijo Béatrice.
 El espantapájaros se desplomó. Acaso lo habíamos conseguido, ¿habíamos ganado?
Todos le rodeamos, y le miramos expectante.
– ¿Se acabó? – dijo Bill. 
– Por supuesto que no. – dije. – El malo nunca muere.
– ¿y que sugieres que hagamos? – preguntó Béatrice.
– Quemarlo. – dije tajantemente.
– Está bien.
Atamos al muñeco con todo lo que encontrábamos, cuerdas, cadenas… Toda precaución era poca.  Lo dejamos en el exterior de la granja, Béatrice se encargó de rociarle con gasolina, solo faltaba quemarlo.
– Bill, el mechero.
Él rebuscó en sus bolsillos y me dio un encendedor. Lo lancé a espantapájaros este prendió enseguida, y empezó a arder.
– Ya está. Ya nos podemos ir ¿no?
– Quiero ver como se quema. –  dije.
El espantapájaros ardió hasta consumirse totalmente, apagamos el fuego con agua, y lo único que quedaba eran las cenizas.
– Vámonos. –  dije.
Caminamos por el maizal a oscuras, pero eso era lo de menos, lo importante era salir.
– Estamos cerca ¿verdad? – dijo un preocupado Bill.
– Sí. – dije apartando un par de ramas más,  por fin vi la calle, y al otro lado el bosque, y después, la mansión.
– O menos mal, ya nos falta menos. – dijo Bill aliviado.
Se empezó a escuchar un ruido, todos miramos hacia los lados  y en el otro extremo de la calle se veía una chica caminar tirando de su maleta.
– ¿Quién es? –  pregunté.
– Yo la he visto, estaba en la mansión, ¿cómo se llamaba? ¡¡Éline!!
Ella nos miró confusa. Era obvio, se preguntaría que hacíamos aquí de noche. Cruzó la calle para vernos, justo Béatrice se colocó la capucha.
– Bill, Gustav. ¿Qué hacéis aquí a esta hora? – dijo con un acento Frances de lo más encantador.
– Bueno, nosotros también deberíamos preguntarte lo mismo. – dije.
Ella sonrió.
– Me voy de la mansión, Angélique me ha echado por mi bien.
– Ya, estarías mejor en cualquier lugar menos aquí. Te acompañamos.
– Como queráis, solo voy a la parada de autobús.
– Bien.
Comenzamos a caminar a paso ligero, Éline se quedó atrás, cuando escuchamos que se caía, no dimos la vuelta, sobresaltados, y vimos su cuerpo tirado en el suelo… con un machete incrustado en el pecho.
– ¡Oh no!
Todos fuimos corriendo hacia ella.
– Éline. –  dije.
Ella tenía la vista perdida y su sangre fluía y fluía.
– Éline. ¡Éline! 
Ella murió delante de mí.
– Pero… ¿cómo? – dijo Béatrice.
Me di la vuelta rápidamente, las planta de maíz se movían, pero no por el viento, alguien estaba ahí. Una rama salió de la nada y luego se empezó a asomar ¿tela?
– ¿Es…?
– No, no puede ser. – dijo Bill.
– El malo nunca muere. – dije frustrado.
Él nos apartó, cogió su machete, luego agarró la pierna de la chica, y la arrastró dentro del maizal, miré como se la llevaba dentro, había vuelto a permitirlo.
En mi cabeza se escuchó la tétrica voz de los niños decirme “cuarta catástrofe” me recorrió un escalofrío al escucharlo. Una vez más lo habían hecho y yo cada vez me sentía más desgraciado.
– Gus, vámonos. No podemos hacer nada. – dijo Béatrice.
Me levanté y caminé apenado, girándome de vez en cuando hacia atrás, pero Dios sabes que estaría haciendo ese  desgraciado con la chica.
Caminamos por el bosque en silencio hasta llegar a los viñedos, Bill siguió caminando, dejándonos a Béatrice y a mí solos.
– Te iras a tu casa. – pregunté.
– Sí. – respondió en un hilo de voz.
– Buenas noches. – dije alejándome.
– Adiós, espero verte mañana.
– Sí. – respondí en un susurro.
 Caminé un poco, todavía me faltaba para llegar a la mansión. Cuando escuché unos pasas acercarse a mí. Me giré rápido y vi a Béatrice.
– ¿Qué ocurre? – pregunté sobresaltado.
Ella miró durante unos segundos el suelo, luego levantó la cabeza y, pasó lo nunca pensé que ocurriría, me besó…
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Este se me ha hecho eterno xDD Creo que este no dará mucho miedo, pero es que era para no terminar con la fic y este pobre con una maldición 

Bueno, espero vuestros comentarios =) espero que el próximo les agrade más xP




domingo, 15 de agosto de 2010

La mansión - Capitulo 21º


Imagen de deviantart llamada ( You are lost little girl) [ By: XpopcicleX]
Capitulo 21º - La verdadera historia de Adeline y Andrew.
Bajamos ha desayunar, pasamos al comedor y vi que estaba vacío, cuando, la puerta se abrió y Angélique entró.
– Chicos, visto lo que ha ocurrido en estas semanas, he despedido a todo el personal. Y no nos queda más remedio que hacerlo todo nosotros solos.
Nadie dijo nada, solo hubo un silencio, miré por encima de mi hombro a Tom.
Oh Tom, no sabes cuanto lo lamento. Aunque yo no hubiera hecho nada, me sentía como si la hubiera matado con mis propias manos.
– Gustav. – escuché decir.
– ¿Sí?
– Vayamos a desayunar.
El día estaba oscuro, las nubes grises anunciaban lluvia. Pero nosotros nos resguardábamos debajo de la terraza, Saqué el camafeo de mi bolsillo, y lo contemplé, mirando sus detalles… solo era un collar, nada más, un hermoso collar de mujer, ¿por qué rayos hay un fantasma que lo quiere?
– Gustav. – dijo Bill interrumpiendo mis pensamientos. – ¿Qué ocurre? ¿Por qué miras tanto ese collar?
– A lo mejor se lo quiere poner. – interrumpió Georg.
Todos rieron, incluso Tom.
– Yo es que… ayer, pasó algo con Béatrice. Era como si una especie de fantasma la hubiera poseído y luego, salió de ella, sin más. Y esa cosa quería esto, pero… ¿por qué?

– No es más que un simple collar. – dijo Tom.

– Por eso… no es más que un simple collar. – dije volviendo a mirarlo. Era un collar de abalorios negros de cristal, el medallón negro también con un marco de color oro viejo y a relieve una rosa blanca.
Elevé la mirada, pero resultó que me habían dejado solo, miré todos lados y les vi alejarse de mí furtivamente.
– ¡Oye! – grité.
Ellos se dieron la vuelta, Bill inocentemente empezó a saludarme, este Bill… Y Tom tiró de él para que salieran corriendo.
Me puse en pié, y miré al cielo, una gota cayó en mi mejilla, creo que es mejor que me quede en la terraza. Iba a volver a sentarme en la hamaca y seguir meditando con lo del collar, cuando vi el cabello rubio de Béatrice.
– Hola… ¿qué haces aquí?
– Teníamos que hablar de muchas cosas.
– ¿Qué cosas?
– Oh Gustav, ¿de que va ha ser? De todo esto, tú estas igual de metido en estos sucesos extraños como yo.
– Tienes razón. Caminemos.
Empezamos ha andar entre los viñedos, el día se oscurecía por momentos, y las gotitas de lluvia aumentaban.
– ¿Entramos en la mansión?, está lloviendo demasiado. – dije.
– No, no quiero encontrarme con Angélique, después de tanto tiempo no.
– Bien, entonces, mojémonos.
– No es eso… Creo que la persona causante de todo lo que está pasando está ahí dentro.
– ¿Quién crees que sea? – pregunté intrigado.
– Es que, no lo sé. Pero creo en ello. ¿Quién otro iba ha ser?
– Rose… No me gusta, me trae mala espina.
– Rose es así por su pasado, perdió a su marido y luego a sus hijas. Además, a ella le mataron a sus hermanas.
– No sabía eso. Pobre Rose.
– Yo creo que, no es de la familia sino alguien que está ahí.
Ella caminó unos pasos alejándose de mí, yo coloqué la capucha sobre mi cabeza, entonces escuché unas risitas y vi a los chicos escondidos en un arbusto.
Bill y Georg hacían corazones con sus manos y Tom reía felizmente. Sonreí levemente luego seguí andando.
– Béatrice. Cuéntame la historia. Cuéntamelo todo.
– Bien, supongo que algún día tenía que decírtelo. Habrás oído la estúpida teoría de que se escaparon, también el secuestro, pero lo cierto es que la noche del 6 de marzo, fue cuando Adeline y Andrew murieron, o al menos Adeline, de Andrew no supe nada hasta hace dos años, cuando encontraron su cadáver.
Béatrice hizo una pausa luego continuó.
– Yo tenía quince años. Esa noche Andrew y yo estábamos en el bosque, paseando, no hacíamos nada malo. Solo paseábamos, era nuestro aniversario, el me iba a dar algo, el collar, supongo. Pero Adeline vino, tenía cortadas por todos lados y no paraba de gritar que iban a por ella. Yo le miré, estaba asustada, se podía escuchar los ladridos de los perros, ellos estaban cerca, iban a por nosotros. Empezamos a correr, me giré y pude ver sus ojos luminosos tras nosotros, me temía lo peor. Cuando miré hacia ellos vi como algo salía de la nada y acuchillaba a Adeline, la mató delante de mí. Recuerdo como si fuera ayer el rostro destrozado de Andrew… fue horrible. Esa persona encapuchada, iba a por nosotros, no pudimos hacer otra cosa que volver a huir entre los grandes árboles del bosque. Andrew me dijo que me escondiera, fue la última vez que me besó. Le hice caso, y tonta que fui, podía haber impedido su muerte, pero no lo hice, solo me salvé yo, y vi como esa persona acuchilló a mi novio y lo dejaba inconciente, luego lo cogió y lo arrastró por el bosque llevándoselo a… Dios sabe donde. Lo último que me dijo fue huye. Tuve la esperanza de que él volviera, que podría haberse escapado… pero esa fantasía terminó hace años, cuando le encontraron en el mismo bosque donde yo le vi morir.
Esa noche no acabó ahí, los cinco perros me encontraron, estaba acorralado por ellos, sus ojos brillaban fulminando la oscuridad, y la voz tétrica de los guiños apareció.
“Aquí nuestra venganza por la muerte de nuestro perro, la muerte de tus seres queridos y la tuya”
Los perros se lanzaron sobre mí, y todo lo siguiente fue sangre y dolor. Aunque después de haber visto como mataban a mi novio y a mi mejor amiga… hubiera preferido morir, pero no lo hicieron, quisieron dejarme viva y con los recuerdos de ese día… para siempre…
Vi como su rostro se llenaba de tristes lágrimas al revolver sus recuerdos, no quise seguir hurgando, me arrepentía de haberle preguntado. Incapaz de poder ayudarla, la acurruqué entre mis brazos.
– No sabes cuanto lo siento. Perdóname por haberte hecho contarme la historia.
Se hizo el silencio entre nosotros y la lluvia por fin cayó.
– Nunca se lo he dicho a nadie…
Bajé la mirada hasta encontrarme con sus ojos grises encharcados en lágrimas, que aún seguían brotando lentamente, bajando por sus mejillas. Entonces fue cuando sentí que alguien nos rodeaba con sus brazos a ambos y no hacía acercarnos. Como no, era Bill, que tan simpático él quiso abrazarnos.
– Perdón – susurró Tom cogiendo a su hermano de la capucha.
Béatrice empezó a reír, me separé de ella poco a poco.
– Lo siento, Bill es así.
Ella sonrió tímidamente. Luego seguimos caminando por los viñedos. Miré hacia atrás y les vi asomar sus cabezas, me hicieron sonreír, se veían tan tontos siguiéndome.
– Béatrice, sigo sin saber quien puede ser.
– ¿Cómo? Aún no… venga Gustav, la cabeza no solo está para peinarla. – dijo con cierto tono de burla.
– Ya...ya… pero no sé. Estaba tan seguro de que era Rose.
– Sin ánimos de ofender, es demasiado mayor.
– Si, bien, es mayor. Pero quien me iba ha decir que dos niños me maldecirían por matar a esos perros.
– Ya, quien te iba ha decir que esto sucedería. No crees que nos estamos alejando demasiado.
– ¿A sí? ¿Qué hay después del bosque?
– La cosecha de maíz, de los Cloud.
– Pero en este bosque… no estarán ellos… digo este es otro bosquecillo.
– Eso nunca se sabe, he aprendido a no fiarme de esos mocosos.
Cerré los ojos lentamente y los abrí cansado miré el cielo, el día estaba más oscuro que antes, bueno, al menos ya no llovía. Bajé mi mirada para encontrarme con la de Béatrice, pero solo encontré maíz. Miré a mi alrededor algo alterado, ese par de críos había vuelto ha hacer de las suyas transportándome al maizal de los Cloud, estaba más que harto, la noche en la que aparecí en las ruinas de un hospital y salvé a Mailen, no lo pasé muy bien con esos monstruos. Y ahora Dios sabe que me esperará.
El día se había tornado oscuro, muy oscuro, y no era para menos eran las cinco de la tarde, ¿qué rayos había estado haciendo todas aquellas horas? O peor ¿Dónde estuve?
Inspeccioné la zona, y no veía más que maíz, ni si quiera una triste señal de vida, caminé sin saber el rumbo buscando la salida, alguien… Seguí perdiéndome entre un motón de maíz, apartándolos costosamente para poder avanzar. Hasta que vi indicios de vida, había un zapato, lo cogí y vi que eran de alguna chica, pero lo más inquietante eran las manchas rojas de los cordones blancos. Dejé el zapato en su sitio y avancé por el maizal, sin éxito alguno de encontrar alguien. Me paré mirando a mí alrededor, un pequeño ruidito me sobresaltó, pero no le quise darle más importancia de la debida y seguí caminado hasta encontrar algo, una mano entre el maíz, me agaché para ver a quien le pertenecía, aparté lentamente las ramas, y vi que no había nadie, no tenía cuerpo, solo una mano hasta el antebrazo y el resto era sangre y restos de piel y carne.
Me levanté, estaba temblando ¿a que peligro me estaba exponiendo? ¿Quién fue el perturbado de hacer algo así? Se me ocurrían un montón de nombres, y una vez más Rose era mi sospechosa, pero solo lo dejé en posibilidad, luego pensé en ese extraño mayordomo, y por último en ellas… sí, las sirvientas. ¿Por qué no? Natalie era tan… ¿extraña? Sería ella la acecina de Alice, la que casi mata a mi hermana y a Bill. Pero ¿por qué? Parado aquí no conseguiré nada, así que continué avanzando. Las grandes masas de maíz iban reduciendo dando paso a un descampado, una especie de circulo, en la que habían dos cuerpos, dos chicas. Una de ella estaba tendida en el suelo, y le faltaba la mano. Me acerqué lentamente a ella, y la vi su cuerpo desmembrado, porque también le faltaba una pierna entera, viré su cuerpo dejándola totalmente boca arriba, iba vestida de forma muy peculiar, entonces miré su rostro que le faltaban los parpados y los ojos, dejándome ver las cuencas pero reconocí su rostro, era una de las sirvientas. Sí, era ella aún no sabía su nombre, pero sabía que la había visto en la mansión, y lo peor aún no había acabado, porque a su lado había un palo de madera clavado, como los
que le ponían a los espantapájaros, efectivamente era uno de esos, vi otro cuerpo atado a los palos, me puse me pié y miré horrorizado su cuerpo en peor estado que la otra chica, a esta le rajaron las muñecas, dejaron que se desangrara, ya que tenía unas cortadas muy profundas. Sus pies y brazos presentaban incontables cortadas, y su cuello un profundo corte que le provocó la muerte. Y por último su rostro, no tenía mandíbula inferior, se la habían arrancado.
– Natalie. – murmuré. – Lo siento.
En su pecho había un dedazo de papel, que ponía con sangre.
Señor Gustav:
No he tenido opción, y he decidido hacer algo en venganza por haber liberado
a nuestra prisionera, Mailen.
Espero que esto le cause mucho dolor y una depresión que le lleve al suicidio.
Atte: Dalila Rousseau
Estrujé el papel entre mis manos, no me podía creer que esos fantasmas hayan hecho esto solo por… mí…. Por mi culpa.
Entonces una voz sonó en mi cabeza. “Tercera catástrofe” Me desplomé dolido, esto tenía que acabar. No podía haber más victimas…
Safe Creative #1007030204797
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Viendo los tres no de la encuesta para la segunda temporada de La Mansión y hablando con Mary, ella me dijo su teoría de que tal vez la gente piense que voy ha dejarles con ganas de [ 40 días...] No, primero publicaré esa y luego la segunda temporada de La Mansión. ^^

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